jueves, 12 de abril de 2012

El jefe al Chorro, Calleja, y los blogueros de JT


Aprovechando la lejana estancia de JT, su jefe, la leona Gumersinda (Gume) y la ocelote o tigrilla Agripina (Pina), guardianas de este blog por designación y deseo de Su Gracioso Propietario, mantuvieron en su ausencia el siguiente diálogo a media voz por temor a ser oídas desde tierras del sur:

GUME: ¿Pina, adónde se ha ido el jefe?

PINA: Me dijo que quería perderse unos días en El Chorro, ya sabes cómo es él. Si no tiene un nuevo libro entre manos, se aburre y desaparece.

GUME: ¡Pues sí que se ha ido lejos! Ya que estamos solas, tomemos hoy el blog para nosotras! Aunque mi cultura no abarca mucho, bien me conoces, creo recordar que El Chorro es un parque andino de la lejana Venezuela. Presiento que nos huye porque le damos demasiado la vara criticando su prontuario, y está harto. ¿Qué va a hacer allí, con las vértebras quebradas? ¿Va a menear su pata chula, su bastón de madera noble y empuñadura de galgo inglés para presumir entre los indios? Porque, oye, este a una montaña ya no sube ni con escaleras mecánicas. Desde que se retorció las vértebras, se ha hecho un viejo enmohecido y gruñón. ¡No aprende! Hace unos doce años quiso presumir de maestro, enseñarle a un amigo a bajar a una sima con un Peltz autofrenante recién salido al mercado, el amigo pasó mal la cuerda por las poleas, y si el jefe no lo agarra, se hubieran ido los dos al carajo. Y ahora tenemos que soportarlo nosotras. ¡Venga ya!

PINA: ¡No seas cruel! Yo también estoy hasta la coronilla de sus broncas, pero en el fondo no es malo, aunque en la forma lo aparenta. No fue a Venezuela, Gume. Conoces su carácter. Cuando le entra la nostalgia por algún recuerdo, coge el coche y se larga al reencuentro del pasado. Hace muchos años, muchos, anduvo por las montañas de El Chorro. Es un lugar hermosísimo y espectacular de la Andalucía gaditana, mundialmente conocido, donde paredes verticales e inmensas, de roca caliza, se precipitan sobre las aguas del Guadalhorce. Quiso escalar una de ellas, y fracasó. Claro, con las clavijas de antaño, ¿cómo se iba a asegurar en aquella roca escasa en fisuras? ¡Qué ingenuidad! ¡A ver si no se ciscó de miedo!

GUME: No creo que haya llegado a ese sucio extremo, querida. Pero me pregunto por qué se metió a hacer lo que no podía. Él siempre ha pisado el sapo, sin reparos ni triquiñuelas; quiero decir que siempre se encaró a lo que le echaron porque no le amedrentaba el riesgo; estudiaba a fondo el objetivo antes de intentar alcanzarlo, y no entiendo cómo no previó que esa roca no era para él.

PINA: Bueno, la atracción de la montaña te empuja muchas veces hacia objetivos inalcanzables. Crees que los vas a conseguir, pero cuando te enfrentas a ellos y tienes que recular, te sientes muy decepcionado. El Chorro era mucha pared para él en aquellos momentos de tan precario material. Ahora ha ido a su reencuentro, supongo que a subirla con la mente, digo yo, porque otra cosa no puede hacer. Y ha ido también a disfrutar de pueblos, monumentos, cultura, historia y gastronomía del legado andalusí.

GUME: Mira, Pina, por hacer, el jefe ya no hace ni la ruta de la procesionaria, ese voraz gusano que acaba con nuestros pinares. Ni siquiera podría recorrer los primeros cien metros de la senda del Salto del Cabrero, de Grazalema. Más que un montañero es una masa de chatarra orgánica…

PINA: Sí, está oxidado. Tendremos que recomendárselo al Calleja para que nos lo ponga al día. ¿Has visto en la Cuatro cómo el tío les arrea caña a los mozos y mozas que se ha llevado al Everest? ¡Es un buen divulgador de la aventura y el riesgo! Pero lo mejor de sus reportajes son los camarógrafos que le acompañan, dicho sea sin desmejorar al Calleja. Toman unas fantásticas imágenes de sus aventuras, unas imágenes de gran calidad, que te hacen disfrutar de la ascensión como si estuvieses metido en ella. Son los buenos montañeros, anónimos y silenciosos, de los que apenas se habla. ¡Tigres, que sois unos tigres!

GUME: No te pases en tus calificativos, Pina; no critiques al Calleja. Es un buen deportista, un gran amante de la aventura, y un padrazo para esos jóvenes que van con él, aunque me resulta un poco coñazo con su Jeep. Nos los pasa una y otra vez por delante de las narices, como si nunca lo hubiéramos visto. ¡Jo, amiga!, ¿te diste cuenta? Estás viendo a una moza hecha un mar de lágrimas por no poder subir por el glaciar del Khumbu, y va el Calleja, y, ¡hala!, corta programa y ¡toma Jeep! ¡Como si el cochecito estuviese al alcance de todos! Digo yo que con la crisis, a ver quién lo compra.     

PINA: El Calleja, querida Gume, ha hecho más por la seguridad en la práctica del montañismo que todos nuestros gobiernos. Fíjate como es de machacón con sus discípulos, que una y otra vez les recuerda qué precauciones deben tomar para no sufrir un accidente. Disciplina, fortaleza física y mental, prudencia y, sobre todo, cabecita e intuición, es lo que les pide a sus alumnos. La cabecita, el sentido común, nunca puede faltar. Y la intuición ayuda a presentir la tragedia si estas al loro de la situación en la que te hallas y estudias cuidadosamente lo que vas a realizar antes de meterte en faena.  Es la hostia, ¡huy, perdona, que se me ha escapado sin querer! ¡Con lo comedida que soy! Bueno pues te digo que el Calleja es muy insistente en ese tema, y me parece muy bien.

Como ves –prosigue Pina-, nuestros gobiernos poco o nada hacen por mentalizar al personal en una cuestión tan importante como es la seguridad. Pasa lo mismo con el tráfico. Los ministros tienen en sus manos un medio de difusión tan poderoso como la televisión pública, y no saben o no quieren utilizarlo. ¿No te parece que un programa que informase sobre medidas y medios de prevención de accidentes en la montaña y en otros deportes de aventura, practicados cada día en mayor medida por personas inexpertas, contribuiría a reducir el número de desgracias, y por consiguiente el gasto de los rescates y el sanitario?

GUME: Claro que sí. Por cierto, he leído que algunas comunidades estudian la posibilidad de poner puertas al monte implantando el cobro de tasas a excursionistas y montañeros, precisamente con la finalidad de financiar los rescates, algunos muy costosos. Es el colmo. ¡Como si esa fuera la solución! En este país, querida Pina, unas veces por falta de sentidiño, como dicen los gallegos, y otras por desidia, se recurre a lo más fácil: a restringir o a prohibir. O a ponerte obstáculos, como ocurre con esos resaltos de mierda que hay en calles y carreteras de todo el país para obligar a los vehículos a reducir la velocidad. ¿Sabes que esas protuberancias del carajo machacan los amortiguadores y las direcciones de los coches, y también la próstata?

PINA: ¿La próstata?  Bueno, bueno, Gume, no me vaciles…

GUME: Sí, Pina, sí, no pongas cara de félida sorprendida, que somos de la misma familia, cariño: dije la próstata. Un urólogo amigo me comentó que acuden a su consulta muchos conductores de bus urbano con la glándula reproductora machacada. ¡Cómo no va a haber impotencia en nuestros varones! ¡Luego se quejan de la escasez de natalidad!

PINA: ¡Qué cosas! Pues no se me había ocurrido pensar que el golpeteo en las bandas sonoras o como se llamen llegara a ser pernicioso para ese órgano.

GUME: Pues sí, cariño, sí. Para la salud y también para el bolsillo, porque el arreglo del coche cuesta lo suyo. En fin, nena, volvamos al jefe, a su constante vaguear, a sus interminables escapadas. Es poco serio con sus seguidores, ¿no te parece?

PINA: ¡Y tanto que lo es! Tiene mucho que aprender de todos ellos. De Vidal, por ejemplo, que tan bien nos explica sus ascensiones en montañas palentinas y en otras del país, sus marchas con esquís y en mountain bike, sus ratos de ocio en playas catedralicias o en la costa del Cantábrico santanderino. Ese sí que es un bloguero de pies a cabeza, trabajador muy activo, no un vago como nuestro jefe, que para que meta una entrada en su prontuario deja pasar semanas y semanas.

GUME: ¡Chis…! Habla bajo, caray, que sus oídos están en todas partes.

PINA: Pues te digo que bien puede seguir el ejemplo de otros blogueros. Ya ves como vive y revive viendo las fotografías de esos blogs y leyendo los relatos de sus autores. ¿Por qué no sigue su ejemplo? Disfruta con Sarita y Mane en sus andanzas por Panamá y en sus ascensiones en los Alpes del Valais.  Disfruta con Mar Espinosa and company, ¿alpinistas de pacotilla?, sí, sí, ¡y un guevo!, superando pasos de grado 7º+ en la Aguja de Ansabère y otros de similar dificultad en la Rabadá y Navarro de la oeste del Picu. Y con Cienmilbalas, que pasa de la informática al vuelo cuasi sideral en ultraligero o con parapente, se va a USA a recibir el bautismo del Niágara, y no desaprovecha oportunidad para sumergirse en las aguas del Cabo Tiñoso, en el paradisíaco paraje de La Azohía murciana. Por cierto, Gume ¿no habrá coincidido este bloguero con el jefe? Ya sabes que él también va allí, y al regreso viene hecho un león, estira el pecho, dice que buceó mucho, que lo pasó fetén, pero creo que no llega ni a la almadraba costera, a esa atunera cuya producción se la llevan toda los japoneses.  

GUME: ¡Joder, Pina!, que ya me salen tacos. Como te oiga el jefe, te vas a acordar de todos los santos de la corte celestial.

PINA: Los ángeles, Gume, no los santos. Sé correcta en tus expresiones y no me interrumpas porque ya te digo que si el jefe disfruta con los blogueros que he citado, lo hace también siguiendo día a día las ascensiones de Amazastur por las altas cimas de nuestras cordilleras, o las de Pájaro Loco, por montañas de todo el globo, o las de Chesco, buen conocedor de los Pirineos y sus ibones, al igual que Luis, otro gran enamorado de su cordillera franco-ibérica. Turbina, bloguero trabajador, conoce mejor que nadie la sierra de Gredos y sus alturas, de la que parece ser guía y señor. Él es, como el jefe, un defensor de la justicia social, un paladín de la solidaridad humana. En Xulián se plasma un buen ejemplo de compromiso con la lengua madre, el Facilitador desarrolla con buena capacidad didáctica temas de hostelería y turismo, Marco recrea magistralmente la realidad con sus pinceles, y el gallego Pabloskim, que ya pisó montañas lejanas, traza muy bien con su pluma las vías del roquedal.

Pero aún hay más -continua la ocelote-, porque si el jefe disfruta leyendo esos blogs o cuadernos de bitácora, no menos deleite le produce la lectura de las andanzas de los dos montañeros de Al filo de la navaja de Taramundi, precioso pueblo del oeste asturiano, fabricante esmerado de ese utensilio doméstico que puede medirse sin recato con el albaceteño. Y disfruta y se deleita con otros muchos blogs de montaña y aventura, muy en especial con los que tratan de temas de espeleología, otra de sus aficiones. Lo veo con frecuencia enfrascado en la lectura de la Torca del Río Perdido, cuyo autor, Miguel Ángel, espeleólogo de raza y aventurero, hace de este deporte su religión. En fin, que el jefe se lo pasa bomba viendo fotos y leyendo los textos de todas esas ascensiones y aventuras que él dejó de realizar cuando el destino le impuso una tercera pata, su patachula como él le llama, de ébano y muy ligera, con resaltes de caoba y empuñadura antropomorfa de falso nácar, pero no trabaja como los demás, sigue siendo un vago en el contenido de su blog.

GUME: ¡Cállate, Pina, cariño! Creo haber oído un ruido en la puerta. ¡A ver si el jefe ya ha regresado del sur sin anunciarnos su vuelta! Vámonos, vámonos, que como nos pille criticándole, nos va a reprender. Pega este post en el prontuario y desaparezcamos raudas por los entresijos de la red. La Rana se encargará de transcribir nuestra conversación al lenguaje de la raza humana. Blogueros, preparaos, que os va a soltar otro rollo. ¡Paciencia y adiós, amigos!

Minutos después apareció JT. Venía radiante de su viaje por tierras de Andalucía. Traía una tarjeta SD con fotos de pueblos, sierras y montañas del sur, y un par de garrafas de aceite de oliva de primera prensada, el de mejor calidad, adquirido en el molino El Vínculo, de Zahara de la Sierra. Se fue a la cocina, paso a paso, al compás del toc, toc del bastón, echó un poco de aceite en un vaso, lo bebió lentamente, con deleite, como si fuese el néctar de la eterna juventud, y seguidamente se metió en su despacho. Tras cerrar la puerta, tiró de la cama nido oculta en un armario hacia fuera, se quitó la ropa y se echó a dormir. Gume y Pina estaban ya a buen recaudo, lejos de la presencia de su jefe.

                                                    (Por la transcripción: La Rana que Fuma)

lunes, 12 de marzo de 2012

Estampas de antaño: Ordesa y el Monte Perdido

Guardo muy gratos recuerdos del pueblo serrano de Escarrilla. Su camping fue para mí lugar de solaz y al tiempo campo base de marchas y ascensiones a algunas de las montañas más señeras del pirineo oscense. Cerca están la Foratata, los Infiernos, Argualas, Anayet, Midi d’Ossau, y ya más lejanos el muy alpino Balaitús y otros muchos picos de fácil o dificultosa ascensión, tantas y tantas veces hollados por los amantes de la montaña.  

Antaño Escarrilla era como una insinuación de un Chamonix chiquito, dicho sin ánimo de ofender al francés, pero del Chamonix auténtico, del que fue cuna del alpinismo y meca de montañeros, no del actual, invadido de turistas y tiendas, más parecido al Lourdes comercial que a la añorada villa gala de los años sesenta. Cerca de Escarrilla está el collado de El Portalet, frontera con Francia, paso vigilado en aquel entonces por la Policía Armada y la Guardia Civil. Los agentes tenían su oficina en una vetusta caravana, lo que denotaba el escaso interés del Gobierno de Franco por ese lugar fronterizo poco transitado.

Un lejano verano, cuando disfrutaba en Escarrilla de vacaciones dedicadas al dolce far niente, junto con la familia, cansado del ajetreo profesional y del sube-y-baja de pequeñas y grandes cumbres en puentes y fines de semana, uno de mis hijos me pidió que lo llevara a Ordesa, y a ser posible al Perdido. Deseaba conocer ese valle pirenaico, uno de los más bellos de Europa, por suelos y alturas, pues le había contado yo que el espectáculo desde la cima de ese monte engrandecía cuerpo y espíritu y la caminata por el valle y sus laderas era todo un placer para la vista y un sano ejercicio para el sistema locomotor. Pero le advertí que, aunque fácil, la subida iba a ser dura: largo el trayecto y bastante pina la ascensión, con el riesgo añadido de que el hielo y la nieve entorpecieran nuestra marcha.

PARAÍSO TERRENAL

En aquellos años Ordesa gozaba todavía de una cierta tranquilidad. Era un paraíso terrenal donde el caminante disfrutaba escuchando el trino celestial de los pájaros (¿será así el sonido de la gloria eterna?) y el berrido grave, como salido de un trombón de varas, del bucardo, interrumpido de cuando en vez por el croajar de cuervos y grajillas o el chillido de la rapaz que, como el del fagot funerario, acentúa el miedo a la muerte.

Edelweiss, flor de amor y
valentía
Vida, placer y muerte se sienten, pues, o se presienten, en ese espacio entre murallones, lugar de exuberante vegetación. Caminando por la Senda de los Cazadores es dado encontrar una emblemática herbácea, la bien protegida y mejor pagá edelweiss o flor de la nieve, de hojas lanosas, muy pubescente, símbolo de valentía y amor. En zonas de la Suiza alpina (¿acaso hay otra?) esa planta es un preciado talismán del casamiento. Porque, para aceptar al pretendiente en matrimonio, la novia le exige al varón la entrega de una edelweiss y encontrarla no es tarea sencilla: la flor habita en zonas altas y frías de la montaña a las que es difícil llegar. Había, pues, que echarle valor, o guevos, en decir parlamentario (para algunos atributo más importante que la inteligencia) y estar muy enamorado para aceptar el reto.

La Senda de los Cazadores llega al final del valle, donde está el Circo de Soaso, por un duro camino entre refrescantes hayas centenarias, pinos negros y albares y también abetos, camino flanqueado en su parte superior por hermosas rosadelfas, plantas eriáceas más conocidas por el nombre de rododendros. Es un interminable trayecto de fuerte desnivel. La senda, muy serpenteante, cansa y cansa al andariego, pero remata felizmente en el Mirador de Calcilarruego cuando ya parece que la caminata nunca se acaba. Abajo queda el valle desgastado por la fuerza erosiva del río Arazas, cuyo hontanar está en las proximidades de Góriz. Sus aguas bajan con estruendo por la Cola de Caballo, surcan rumorosas el cauce de piedra y se sosiegan en las Gradas de Soaso, mas no tardan en recobrar brío en las cascadas de la Cueva y el Estrecho. De nuevo siguen en placentero discurrir por la pradera de Ordesa para tributar finalmente su caudal al río Ara, más allá del Puente de los Navarros.

TOZAL DEL MALLO

Enfrente del mirador se alza imponente el Gallinero (2.243 m) sobre los circos de Salaróns y Cotatuero, con el Casco (cerca está la Brecha de Rolando, con paso a Bujaruelo y Gavarnie) y La Torre en la lejanía, mientras a media altura, pero sobre impresionante precipicio vertical, la Faja de las Flores se ciñe al murallón como muesca marcada por la punta de un gigantesco punzón. Atrás dejamos, en la entrada al valle, sobrevolando la Casa Oliván, una de las montañas más emblemáticas de la Península: el Tozal del Mallo, pico en el que algunos de nuestros mejores escaladores midieron su capacidad técnica en un muy arriesgado y temerario desafío a la roca. 
   
El Tozal, erguido sobre la pradera de Ordesa, cautiva al montañero. Su pared calcárea, vertical, de colores gris y naranja, con 400 metros de caída, hace soñar al experimentado escalador con una ascensión sin par en la Península. Esa cara es más provocativa que la oeste del Picu y tan atractiva, o quizá más, que la pared del Valle de Leiva, de la subbética Sierra Espuña murciana, donde los hermanos García Gallego, personajes legendarios de la escalada de extrema dificultad, abrieron la primera vía. La abrieron en la Leiva y en otras muchas de dificultad extrema midiendo su potencialidad escaladora con alpinistas de máximo nivel como Jerónimo López, Pérez de Tudela, Anglada, Lucas, Cantabella y otros cuyos nombres no recuerdo al escribir estas líneas.

¿Quién es capaz de trepar por la sur del Tozal –me pregunté cuando la vi por vez primera hace ya muchos años-, con su fachada laminada, de lisa apariencia y roca quebradiza e inestable, una pizca extraplomada? ¿Quién? Pues ya la han subido, ya, más de una vez y más de uno. Los primeros en completar la ascensión por su vía de máxima dificultad técnica fueron franceses, nada menos que seis, coordinados por los hermanos Ravier, en la primavera de 1957. Luego la pared sería vencida por escaladores españoles.

AL SOL QUE MÁS CALIENTA

Pero volvamos a nuestro camino. Como la Senda de los Cazadores nos conecta con la que sube al refugio de Góriz, por encima de un paso con clavijas, seguimos por ella sobre suelo de roca firme. Allí, ya en zona alta del Circo de Soaso, reflexionamos sobre el estado que tendría ese lugar en el Pleistoceno o Cuaternario, hace por lo menos dos millones de años, cuando el frío intenso dominaba el globo y la nieve formaba glaciares en las zonas de mayor acumulación. En todo el paisaje pervive la huella de la erosión glaciar, sobre todo en este circo cabecera de una depresión excavada por los efectos del hielo y en todo el valle en forma de u.

Continuamos nuestra andadura. Pronto llegamos al refugio, donde pernoctamos y de mañana, después de tomar un ligero desayuno, emprendemos la ascensión. El ambiente del lugar despierta mi curiosidad. Había montañeros, pero también excursionistas bronceándose al sol, una costumbre habitual en muchos refugios y en estaciones de esquí de los Alpes que parece consolidada ya en España. Los visitantes aprovechan la altura para recibir mayores dosis de radiación ultravioleta y adquirir un rápido bronceado.

El Cilindro de Marboré se asemeja
 al tronco de 
un castaño de arrugada corteza
La marcha hacia la cima la iniciamos a paso lento por canchales y terrazas de suelo firme y buena roca. Pronto entramos en un largo y pronunciado nevero para atravesarlo horizontalmente. Justo en ese momento, cuando caminábamos sin crampones por nieve firme, ayudados por nuestros piolets de mango largo, me cayeron las gafas de sol a una grieta de nieve y hielo de unos cuatro metros de profundidad. Clavé en seguida en la nieve mi piolet hasta el regatón y pasé por él la cuerda. Mi hijo se ofreció a bajar, quiso ver cómo era el nevero por dentro. Se calzó los crampones y en un santiamén descendió al fondo de aquel agujero de suelo firme por el que corría el agua del deshielo sobre un lecho de arena y cantos rodados. Recuperó las gafas, volvió a la superficie con la ayuda de los crampones y el piolet, firmemente asegurado por mí, y enseguida reemprendimos la marcha. En la mitad del nevero adelantamos a dos espigados ancianos franceses. Caminaban lentamente, sin gran esfuerzo, clavando las puntas de sus piolets en la nieve. Iban encordados y en compañía de un guía local. Era su primera ascensión al Perdido. A nuestro regreso nos cruzaríamos con ellos a mitad de la arista.

TEUTONAS RUBICUNDAS

Tras una larga subida en diagonal por el nevero alcanzamos por fin la collada donde algunos montañeros, buenos madrugadores, se tomaban un descanso junto al helado lago de Marboré, al pie del Cilindro. Con unos pequeños prismáticos que llevaba conmigo observé el estado de la arista que conduce a la cima. Tenía nieve en algún tramo, pero parecía blanda a juzgar por el ritmo de subida de un par de cordadas que nos precedían. Habíamos previsto seguir por el nevero hasta la cumbre, pero optamos por la arista para no demorar la ascensión. Queríamos estar a las ocho de la tarde de regreso en Escarrilla.
     
Pronto llegamos a la Escupidera, zona de nieve y hielo donde más de uno dejó su vida. Breve parada para contemplar cómo algunos excursionistas se deslizaban nevero abajo hacia el lago helado usando la técnica de piolet-escoba. Bajaban sentados sobre un plástico, con el piolet hincado en la nieve para controlar la velocidad o frenar. Una divertida práctica cuya peligrosidad depende del desnivel del terreno. Terminado el espectáculo encaramos el último nevero ya a solo unos metros de nuestro objetivo. En el estrecho neverín de acceso a la cima cedimos el paso, como buenos caballeros, a seis jóvenes muniquesas. Bajaban de la cumbre donde, según supimos más tarde, habían permanecido media hora contemplando el paisaje y entonando canciones de los Alpes. Subieron desde Pineta, tras pernoctar en el Parador.

¿Os imagináis el espectáculo? Llegar a aquel cielo pirenaico y ver a unas doncellas de aspecto teutón, faz rubicunda y pelo blondo, vestidas con pantalón bávaro y anorak rojo, pañuelo anudado al cuello y sombrerillo de ala ancha; verlas allí, en aquel lugar más cercano de la gloria que del infierno, interpretando a coro, con sus voces finas, acaso aflautadas, canciones que recuerdan el amor a la montaña, a lo animado y a lo inanimado, a la exuberante naturaleza surgida de la orogénesis alpina que teníamos a nuestros pies… Ver y oír aquello, digo, hubiese colmado la felicidad de nuestra estancia en tan destacada cumbre.

SERACS ASESINOS

En la pequeña plataforma cimera del Perdido sacamos de la mochila mi pesada e incómoda Rolley Tessar 6 por 6 y pedimos a unos compas que compartían cima con nosotros que nos hiciesen una foto con el Cilindro al fondo. Aunque a mí no me gusta que me fotografíen, mi hijo quería conservar un recuerdo de aquella ascensión. Luego, cuando contemplábamos extasiados el hermoso paisaje, me vino a la memoria el accidente ocurrido en los años cincuenta muy cerca de donde estábamos, del capitán Grávalos y de otro militar de su misma graduación alcanzados por unos serács o bloques de hielo desprendidos del glaciar. El rescate de sus cuerpos sin vida fue un drama de características similares al ocurrido en 2007 en la sur de la Jungfrau alpina, donde perecieron seis soldados suizos sepultados por un alud de nieve.

De la cima del monte bajamos por la arista para meternos luego en el ancho nevero y descender por él hasta el lago helado. Rápido descenso a Góriz, paso fugaz por delante del refugio y, por senda bien marcada, llegamos al Circo de Soaso justo frente a la cascada Cola de Caballo. Desde allí, primero por sendero de cabras y después por cómoda pero larga pista forestal, regresamos a la pradera de Ordesa en cuyo aparcamiento estaba nuestro Passat. A las ocho de la tarde nos hallábamos de regreso en Escarrilla, como habíamos previsto.
       
Tengo muchos recuerdos de montañas y cuevas perdidos entre miles de negativos sin clasificar. Encontrar una foto determinada y digitalizarla no es para mí tarea fácil. No obstante, las que he hallado de esta ascensión, una vez escaneadas con un viejo Epson lento y ruidoso, que no admite mayor tamaño de negativo que el de 5 por 5, esas fotos, digo, las reproduzco en este blog para rememorar una marcha que despertó en mi hijo un gran amor por la montaña y en especial por la naturaleza exuberante y lozana de ese idílico paraje pirenaico.- JT   


 Góriz, refugio solana para mozas y mozos en edad prometedora.

Desde la arista del Perdido, la depresión de Ordesa cobra dimensiones gigantescas.





Un descanso en el camino antes de entrar en el nevero de la cumbre.


                Cilindro y lago de Marboré captados desde La Escupidera.
                                                      
   La cima bien apañada del Perdido. A la derecha, el Cilindro.


Panorama desde la cumbre.

La cámara me pilló desprevenido cuando contemplaba el Añisclo. 


El rumoroso Arazas en las Gradas de Soaso.  
   
 El río, ya en zona de tranquilo discurrir, tributa sus aguas al Ara. 

miércoles, 15 de febrero de 2012

La situación de España: Santiago Rey da en el blanco

         Interesante la opinión del presidente y editor del diario La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández-Latorre, sobre el estado actual de España. Cargar las consecuencias de la crisis sobre una ciudadanía que nada ha hecho para merecerla, es una injusticia intolerable. Para mejorar la situación del país caben otras muchas soluciones, apunta el comentarista, pero hay que querer aplicarlas. Recomiendo la lectura completa del artículo, que lleva el título de Acabar con la desesperación. Aquí tenéis un adelanto:   

 “Asco. Esa es la palabra que más se repite estos días para definir lo que está pasando en un país abandonado al despropósito. En la peor situación que se haya vivido nunca en Galicia y en España, la valentía y el coraje han desaparecido por la puerta de atrás, mientras cobra presencia omnímoda un doble juego inadmisible, que se ensaña con la clase media, pero mantiene y acrecienta inservibles estructuras de la Administración y opulentos privilegios de los que deberían ser servidores públicos (…).

“La ineficiencia y la irresponsabilidad han sido los denominadores comunes desde que empezó la crisis, y sus consecuencias están bien a la vista: las empresas en la asfixia, el desempleo en tasas inasumibles, las expectativas de los jóvenes totalmente desbaratadas y gran parte de las familias con notorias dificultades de supervivencia (…).

“Al Estado todavía le quedan muchos lugares donde tocar para hacerse eficiente. Porque nada ha hecho, de momento, para acabar con instituciones superfluas, como las diputaciones provinciales; redundantes, como el Senado, o propagandísticas, como las televisiones públicas. Tampoco ha acometido siquiera el paso de fusionar municipios incapaces de sostenerse. Y no lo ha hecho por razones electoralistas y localistas, pero también porque la desaparición de corporaciones locales significa la pérdida de numerosos puestos de concejal.

“Por eso resulta intolerable el doble rasero que aplican los políticos y los que revuelan a su alrededor. Y bochornosa su forma de repartirse las prebendas. Se acaba de ver, sin ir más lejos, en el traspaso de poder de padre a hijo en Ourense. Ante el silencio o incluso el aplauso de muchos, se ha disfrazado de simple apariencia de democracia la consumación de una herencia de naturaleza puramente caciquil (…).

“Ese desprecio por la democracia se observa incluso en el funcionamiento de la Unión Europea, con un Parlamento decorativo, una estructura inoperante, un coste verdaderamente obsceno y un poder cuasi dictatorial que se han arrogado porque sí Alemania y Francia (…).

“Mientras en el Reino Unido se retiran distinciones a quien pierde la reputación por su conducta, aquí se premia con las más altas a quienes no solo no las merecen, sino que deberían pagar, como en Islandia, por sus responsabilidades. Pero el tiempo se ha acabado. Es hora de que los responsables de la gestión pública pongan fin a sus aberraciones, asuman su liderazgo y busquen soluciones en lugar de parches. Ni Galicia ni España ni Europa pueden esperar más. Hay que acabar con la desesperación y el asco.”

viernes, 27 de enero de 2012

Mercedes Milá y el número trece, ¡lagarto, lagarto!

      ¡Vaya vaya con Mercedes!, ¿así que es supersticiosilla? Por eso no ha querido –ella misma lo dijo- que su putativo Gran Hermano se nomine con el número trece. ¡Lagarto, lagarto! ¿Y si se emitiera un martes, o quizás un viernes? ¿Tocamos madera?, ¿llenamos el plató de ajos? A veces no se entiende que una persona de su nivel cultural pueda caer en la superstición.
      Dicen que la superchería es consecuencia de la ignorancia, pero este no parece ser el caso porque la presentadora del programa estrella de Telecinco ha dado muestras a lo largo de su vida periodística de poseer intelecto y cultura, muy al contrario de otras mozas de cabeza hueca que se exhiben arrogantes por esos platós. Mas bien, pienso yo, la Milá es maniática. Su acentuado afán por ser perfecta en todo lo que dice y hace la predispone a tener manías. Por eso, además del trece, no me sorprendería que un gato negro, la sal derramada sobre la mesa, o el paso por debajo de una escalera puedan causarle pavor. 

Doce más uno
      El trece es para mucha gente un número de mala suerte. Y si cae en martes, aún peor. De ahí que los supersticiosos suelan advertir que en martes y trece no hay que casarse ni embarcarse. Marte, hijo del justiciero Júpiter y de la reina Juno, protectora de la mujer, fue el dios romano de la guerra,  pero también de la fertilidad y del ganado. Dio nombre a un día de la semana, a un planeta y al mes de marzo. Martes, Marte, guerrero, diabólico, agresivo, cuando lo vincularon con el número trece se convirtió en el día de la Bestia, en la llegada del Apocalipsis. ¿Acaso Mercedes, de manera inconsciente, relaciona el trece con el final de su Gran Hermano, aún siendo emitido en jueves, y por eso exigió que la actual edición llevase el número doce más uno, en vez del trece como sería lógico? ¿O más bien se trata de una treta lanzada con el ánimo de  atraer al público?

Menos groserías
      Bueno, el caso es que la edición en marcha de su programa parece de momento, y esperemos que no varíe, la mejor elaborada de toda la serie. Entre los participantes han metido a dos personas de excepción: un sacerdote motero y un policía municipal. Los escenarios son realmente espectaculares: modernos, alegres, llenos de color. También lo es la graciosa cocina en declive. Vamos ahora a confiar en que se cuide el habla. A ver si, gracias a la presencia del cura y el policía, podemos contemplar por fin un espacio carente del lenguaje sucio y desvergonzado de otras ediciones.
      Proferir insultos o soltar tacos cuando el diálogo se calienta y la tensión crece puede ser inevitable. Hasta al mismo cura se le escapa alguna vez el ¡jo…! Pero da noxo (repugnante en extremo, gallego dixit), presenciar el espectáculo de unos jóvenes insultándose reiteradamente y ensuciando sus bocas con las más soeces expresiones, como ocurrió en la práctica totalidad de los anteriores grandes hermanos.- JT

El Gran Hermano 12+1 nos muestra a una Mercedes Milá
 elegante y sexy, muy al contrario de anteriores ediciones.
  (Foto publicada por la web Fórmula TV)

domingo, 22 de enero de 2012

La coherencia de Vargas Llosa y el Instituto Cervantes

      Mario Vargas Llosa ha rechazado la presidencia del prestigioso Instituto Cervantes, un organismo creado y controlado por el Gobierno. Es la segunda vez que el escritor da su negativa a tan sustanciosa propuesta. En 1996 lo propuso Aznar para ese puesto, y Mario le dijo no. Ahora le ha tocado probar suerte a Rajoy, y el Nobel, en un gesto de absoluta coherencia, dijo de nuevo que nones.
      Debo confesar que me alegro de que sea así. Me alegro de que mi admirado novelista rechace una oferta que en el caso de aceptarla le haría perder libertad e independencia, dos cualidades propias del intelectual. Y Mario lo es, además de ser también, y sobre todo, un excelso fabulador de historias -reales y ficticias- cuya lectura apasiona a millones de personas de todo el mundo. Señores del Gobierno, dejen ustedes al escritor dar rienda suelta a su fecunda imaginación, a su deliciosamente fluida lengua española y a su estilo literario rico en matices, en giros, en argots… ¡No traten de mancillar su libertad! ¡No le acoten su independencia! Dejen, pues, en paz, al gran novelista, porque los admiradores de su obra queremos seguir disfrutando de ella.
      No es acertado intentar que un prosista de la categoría de Vargas Llosa pase a depender de los políticos. Digo esto, porque la oferta que le han hecho lo situaba en la presidencia del mentado instituto, o sea, en un cargo público de pura representatividad, mientras que la dirección se la darían a un diputado del PP. O sea que Mario tendría que vérselas en su relación institucional con el representante de un partido político y dedicarse a recorrer el mundo de instituto en instituto como embajador de nuestra lengua, en laudatoria misión, pero obviamente en detrimento de su fecunda producción literaria.
      A veces, movidos por el afán de lograr éxitos rápidos y espectaculares los políticos toman decisiones sin meditar sobre las consecuencias que puedan acarrearles. En este caso, el fallido nombramiento estuvo seguido de un clamor general porque todos, al margen de sus posiciones políticas, elogiaron la decisión del Gobierno cuando el señor García-Margallo difundió a los cuatro vientos la buena nueva. Hasta el gallego César Antonio Molina, director del Cervantes en la etapa Zapatero y exdiputado del PSOE, se apresuró a afirmar que también era idea suya (¿acaso cree que Rajoy se la ha robado?) la de colocar en el instituto a figuras de la categoría de un Vargas Llosa. ¿Ha pensado este exparlamentario en lo que perderíamos si nuestro admirado Nobel se viera absorbido por la tarea de embajador cultural de España?
      Haces bien, Mario, en decir no. Sigue escribiendo, que has nacido para ejercer tan elevada tarea.  Nosotros tus lectores, que te seguimos hoja a hoja y obra tras obra, queremos continuar disfrutando de tu potencialidad creativa como prosista. No te dejes cautivar por la hermosa flor de un cargo público que mañana puede ser espina, sea quien sea el que te lo ofrezca.

Una máxima bonapartista que no hay que olvidar

Otra cosa es el inoportuno aleluya del señor García-Margallo, anunciando el fichaje del Nobel para tan sugestivo puesto cuando el tema estaba aún sin cerrar. Algo le falla al presidente Rajoy, quien por su larga experiencia en el campo de la política sabe bien que, si pierde las bridas de la prensa, no aguantará ni tres meses en el poder. (Napoleón dixit). Pues eso, presidente. Pero para seguir la máxima bonapartista hay que comenzar por el control de la propia casa, canalizando la emisión de cualquier noticia, la anuncie quien la anuncie, en una sola persona o equipo de personas que valoren su difusión y sobre todo su veracidad. No hay que poner el carro antes que los bueyes, como se hizo en este caso. Y me duele que el autor del resbalón haya sido un ministro de la categoría de García-Margallo, al que esta vez le ha fallado esa prudencia que, como buen diplomático, debe presidir todos sus actos públicos.
      Este ministro de Exteriores, diputado que fue de UCD en las Cortes Constituyentes de 1977, es uno de los mejores activos del actual Gobierno. Es el mismo que le dijo al inglés, como bromeando, ¡Gibraltar español! Pero digo yo, coño, ¿aún estamos con esas…? Dejemos al británico que siga ahí: es un buen aliado, y, además, nos cubriría el flanco sur de la Península en caso de invasión desde África.- JT  

domingo, 8 de enero de 2012

Por tierras de la Gran Llanura: la Selva del Spree

        El río Spree es el becerro de oro de los berlineses, el dios protector de la reunificada capital alemana que proporciona sustanciosos beneficios a la economía de la ciudad. Su agua goza de una sacratísima condición: es recuerdo y a la vez reliquia de una metrópoli de enormes dimensiones, con una no menos enorme oferta museística, cultural y lúdica. Por eso se vende embotellada en pequeñas porciones a los turistas. ¡Sobrevivió nada menos que a dos grandes guerras!
        Hace años, en el Berlín dividido, el agua del Spree ocupaba un segundo lugar, tal vez porque llegaba contaminada de la parte soviética a occidente. Entonces era el aire, el Berliner Luft, el souvenir más reclamado por los turistas que visitaban los sectores aliados. Compraban esa esencia etérea en pequeños frascos, junto con el himno que ensalza las excelencias de su pureza: Das ist die Berliner Lutf, Luft, Luft… Todo un símbolo de una metrópoli aislada por tierra y cercada por un muro de ladrillo y campos minados. Mas con la reunificación, el aire berlinés perdió su atractivo, se evaporó del ámbito comercial y dejó paso al agua del Spree, río turístico por excelencia de la gigantesca red fluvial de tránsito de personas y mercancías de la capital alemana y de su vecina región, Brandemburgo, la de los mil lagos.

UNA SELVA MUY CIVILIZADA
        Para disfrutar sin ruidos ni agobios de este río, en la paz de una naturaleza salvaje pero bien protegida, hay que trasladarse a la llamada Selva del Spree (Spreewald). Allá me fui este verano, en repetida visita, para rememorar pueblos, paisajes y buenas mesas. En Lübbenau, ciudad acogedora y turística, situada en el corazón de ese territorio, encuentra el visitante una interesante oferta de actividades de aire libre. También en Schlepzig y en Lübben. Hay cientos de kilómetros de caminos y pistas para recorrer en bicicleta, sendas interminables para buenos y malos andadores, cursos fluviales para los amantes de la navegación deportiva y, cómo no, embarcaciones movidas por barqueros con pértiga que llevan a los turistas por el cauce del Spree a través de esa civilizada selva europea.
        Pedalear kilómetros y klómetros por caminos llanos es un placer reservado a quienes todavía tienen músculo y fuelle. Y no menos placer proporciona la navegación en canoa, o si se prefiere en embarcación de recreo movida con pértiga, sin ruidos ni humos, porque para los habitantes de esos lugares el ruido es blasfemia y la contaminación pecado mortal aunque, como en toda regla, haya excepciones.
        La Selva del Spree está en la Lusacia (Lausitz), al sureste de Brandemburgo, en territorio de campiña pantanosa. La pueblan los sorbios, de habla alemana, un pueblo bilingüe que conserva vivo el idioma de sus antepasados, el sorabo. Posee numerosos vestigios históricos y artísticos; goza, pues, de grandes atractivos.
        El anchuroso llano de la Europa central me ha atraído siempre por su contraste con la montaña. Y lo digo porque, cuando hay que entrar en pausa para darse un respiro, meterse en esos lugares a disfrutar de sus posibilidades turístico-deportivas es una alternativa saludable: se fortalece el cuerpo, se satisface el paladar, y se despeja de la mente la tensión que produce el montañismo de dificultad y el ajetreo de la vida diaria.- JT

En el muelle fluvial de Lübbenau el barquero mueve suavemente la pértiga llevando a un grupo de turistas por las aguas del Spree. No hay prisas ni ruidos. En todo el recorrido solo se oye la voz del guía-barquero informando sobre el río y la historia de los ribereños.
Una calle de Lübbenau. La flor siempre está presente en ventanas y balcones. Hay coches, pero apenas se oyen ruidos. Es una calma reconfortante.
Lübbenau: ¿Qué hay ahí dentro, cerveza o vino? Ninguna de las dos cosas. El barril se aprovechó para uso del kiosco al que está adosado. Las bicicletas están siempre presentes en la llanura.
Lübbenau. Ingeniosa fuente de la plaza principal. El artista representó en figuras de metal personajes del cuento y la leyenda.
Lübbenau: Los perros tienen su plaza de aparcamiento. Junto a la puerta de una tienda, el cliente deja segura a su mascota mientras hace la compra. El cartel de parking identifica claramente la función del mosquetón que tiene colgado. Toda una muestra de civismo.
Schlepzig. Esta pequeña compuerta regula el paso del agua del río a zonas adyacentes.
Schlepzig. La piragua pasa junto a la embarcación turística delante de un embarcadero. Hay una paz octaviana en el ambiente de estos lugares. La barca con motor es una excepción de la regla de silencio.
Lübbenau: El hombre ha construido paseos de madera sobre el agua en las zonas de la selva por las que discurren caminos y sendas de pequeño y gran recorrido.
Lübbenau. Decenas de embarcaciones permanecen varadas a la espera de turistas.
Schlepzig. Un grupo de palistas hace cola para entrar en la esclusa que los situará en el nivel superior del río.
Schlepzig. Original macetero. Terminada su vida útil, esta canoa ejerce una función decorativa.
Lübbenau. En esta zona del río el motor es una agresión al ambiente. La embarcación se mueve impulsada por la pértiga que diestramente maneja el barquero.
Schlepzig. moto espectacular, con gancho para remolque y robustas ruedas tractoras. ¿Diseño propio?
Schlepzig. Restaurante situado en las proximidades del embarcadero. La tranquilidad preside el ambiente natural del lugar en el que no faltan árboles y plantas. Para complacer al paladar, el arenque en salsa de nata, las Bratkartoffeln con ensalada, o alguno de los deliciosos embutidos típicos del país, bien regados con cerveza de barril, son platos recomendables y baratos.
Aún quedan en uso algunas de las sirenas de la II Guerra Mundial que alertaban sobre la proximidad de los bombardeos aéreos. Hoy las utilizan los bomberos voluntarios como señal de llamada a sus miembros cuando hay emergencias.
¿Guerra? No, no. Es paz, pura paz rotunda. El viajero se encuentra a veces en Alemania con monumentos como este. La inquietante silueta del tanque ruso es hoy un mero símbolo de lo que nunca jamás debe volver a ocurrir.
Los alemanes no olvidan a sus muertos. Cada pueblo los recuerda en lápidas u obeliscos situados en lugares céntricos, como este de Schlepzig. En la leyenda de la parte superior figuran unas frases enaltecedoras. Se refieren a los vecinos del lugar caídos en la I Guerra Mundial. Aunque los restos de estos héroes se hayan descompuesto, la llama de sus heroicas hazañas los hace inmortales, viene a decir la leyenda. Debajo, los nombres de los muertos.
Lübbenau. Está bien claro en la señal a quiénes afecta la prohibición. Por si los dueños de los canes la ignoran, ahí tienen un preciso recordatorio.
Las tranquilas aguas del río son utilizadas por los amantes del remo. Seguir el curso del Spree por el cauce de la selva es una buena manera de hacer deporte disfrutando de un entorno paradisíaco.
Brandemburgo es tierra de lagos. Hay miles. Este pequeño de Schlepzig comparte vecindad con el Spree. Lo circunda un camino para andadores, ciclistas y jinetes conectado con un GR centenario en kilómetros.