
Y esta vez esa paz la encontré en el
campo manchego, en el tranquilo ambiente de una dehesa toledana donde
no asfixia el calor ni el frío entumece el cerebro. Está en el
ancho valle del Tiétar, entre sierras de muy distintas
dimensiones: Gredos, la grande, imponente y bien nutrida de
rocas graníticas salpicadas de feldespato, y la de San Vicente,
humilde en altura, pero alfombrada por secas dehesas y bosques de
encina, castaño, pino y alcornoque. Y allí, en zona donde se tocan
las provincias de Ávila y Toledo, encontré a un montañero
experimentado, bien nutrido de ascensiones a cumbres de gran
dificultad. Su nombre es Carlos Gallego, alpinista madrileño
que halló en el campo el retiro dorado. Él y su esposa Esther,
amable, comunicativa y artista del bordado y la cocina, construyeron
a novecientos metros del pueblo toledano de Sartajada una
linda casa de planta baja para dedicarla al turismo rural, llamada El
Roblón.
Carlos tiene muchos calificativos en jerga montañera: gredista, piquista, pirineísta, alpinista,
andinista, himalayista... Inició su actividad en La Pedriza
madrileña, un espacio natural donde la roca no se deja querer por
su lisa superficie; en esa Pedriza, digo, que ha sido y es escuela de
hábiles escaladores. Pero pronto pasaría a las principales
cordilleras del mundo. Participó en expediciones de gran riesgo a
los Andes, Himalaya y Alpes, y subió a las más significativas
cumbres de Picos de Europa, Pirineos y Gredos para especializarse,
finalmente, en la progresión por hielo y nieve. Y fue el hielo, ese
temible elemento de la montaña, el que frenó en parte su actividad
alpina.
Accidente en Gredos
Hace unos trece años Carlos sufrió
un grave accidente en Gredos al ascender por una pared vertical
helada. El desprendimiento de una clavija, y la sucesiva extracción
en cremallera de las demás, lo tiró desde una
altura de setenta metros. Pero sobrevivió. Tras un dramático
rescate, que él relata muy bien en el blog Montaña y Alpinismo
Clásico, mezclando prosa narrativa y poética, pasó varios
meses hospitalizado hasta lograr su total recuperación. Hoy vive
feliz junto a Esther en El Roblón, lugar de
alojamiento idílico para quienes, como yo, buscan paz y sosiego. En
el gran salón de la vivienda conserva gran parte de sus recuerdos:
fotos, material de escalada, páginas de periódicos con información de
las expediciones en las que participó, y libros, muchos libros de
montaña. En lugar preferente, junto a unos de los grandes
ventanales, hay una edición especial de El Quijote de la Mancha,
obra cumbre de la literatura española. Parece estar colocada ahí para
disfrutarla y quizá también para recordar al huésped su inequívoca
ubicación.
Montañeros, excursionistas y amantes
de la naturaleza tienen en El Roblón un punto de partida donde iniciar caminatas por pistas y veredas del campo
manchego, por pueblos históricos y terrenos donde la encina deja
crecer a la olorosa jara. Pero no solo acuden a ese alojamiento
montañeros y turistas, sino también naturalistas, ornitólogos y fotógrafos de la naturaleza, pues, en praderas y dehesas, en ríos y arroyos
encuentra el visitante una gran variedad de aves y lugares
cautivadores, de tierras áridas, agostadas, pero de sorprendente
fecundidad arbórea.
Paisajes e historia de dos Castillas
Paisajes e historia de dos Castillas
En las sierras de San Vicente y Gredos
hay pueblos de visita imprescindible, entre los que cabe citar La
Adrada, La Iglesuela, El Real de San Vicente, Navamorcuende y
Castillo de Bayuela, y a mayor distancia de Sartajada, Mijares,
Oropesa, Lagartera, Guisando, Arenas de San Pedro, Pedro Bernardo, el
santuario de la Virgen de Chilla y El Puente del Arzobispo, donde el
alfarero expresa su arte y el Tajo discurre rumoroso por una gran
llanura extendida entre montañas de muy distintas altitudes. Debo
decir que la visita fue para mí muy enriquecedora. Conocí a un gran alpinista, a una excelente pareja de anfitriones, y disfruté de las
múltiples excelencias históricas y paisajistas de un territorio
situado entre las dos grandiosas Castillas. Habrá que repetir.- JT
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La Iglesuela. Plaza céntrica de este bonito pueblo manchego cercano a Sartajada.
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El Arenal, un pueblo de Ávila
recogido en la falda de la Sierra de Gredos. Tiene un monumento
dedicado a los viejos, o sea, a la tercera edad, que diría el
desaparecido ministro Licinio de la Fuente, toledano de nacimiento.
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Maquetas de barcos de pesca expuestas
en el Asador Real, restaurante cercano a San Vicente. El
local pertenece a un gallego de Baralla (Lugo). Buen menú y carta
variada con precios muy aceptables.
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Mombeltrán. Castillo de los
Duques de Alburquerque. Bien de Interés Cultural desde los años
cuarenta del siglo pasado. Está situado en lugar estratégico para
dominar el barranco de las Cinco Villas.
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