
Érase una vez una dama
en un congreso metida,
en medio de unas diputadas,
bien o mal avenidas.
Estirose la señora,
como gañana en la huerta,
y tras hacer los deberes,
díjoles a sus señorías:
¡Oh petardos, petardillas,
qué poco sabéis de política!
Si os estiráis como yo,
brazo en alto y boca abierta,
veréis cómo vuestros rivales,
cargados de maledicencia,
sisean, muy por lo bajo,
que esta moza tan sociata,
tiene bien poca vergüenza.
en un congreso metida,
en medio de unas diputadas,
bien o mal avenidas.
Estirose la señora,
como gañana en la huerta,
y tras hacer los deberes,
díjoles a sus señorías:
¡Oh petardos, petardillas,
qué poco sabéis de política!
Si os estiráis como yo,
brazo en alto y boca abierta,
veréis cómo vuestros rivales,
cargados de maledicencia,
sisean, muy por lo bajo,
que esta moza tan sociata,
tiene bien poca vergüenza.
Escuchad, soplones airados,
que soy moza, y muy honrada.
Si me estiro, es por amor
a mis socios, camaradas,
anhelantes del olor
de mi axila perfumada.
que soy moza, y muy honrada.
Si me estiro, es por amor
a mis socios, camaradas,
anhelantes del olor
de mi axila perfumada.
Mas no hay mala educación,
en mi gesto de gañana,
ni atisbo de indiferencia
en la expresión de mi cara.
Sólo quiero parecer,
como dama poderosa
al poder encaramada,
una chica de buen ver,
aunque un tanto relajada,
sin perder la corrección
que sus señorías reclaman,
porque soy yo, sí,
la ya famosa Pajín,
la mejor de la bancada.
en mi gesto de gañana,
ni atisbo de indiferencia
en la expresión de mi cara.
Sólo quiero parecer,
como dama poderosa
al poder encaramada,
una chica de buen ver,
aunque un tanto relajada,
sin perder la corrección
que sus señorías reclaman,
porque soy yo, sí,
la ya famosa Pajín,
la mejor de la bancada.
Ramón de Campoolor