La calle arde. Cientos de personas se
enfrentan a las fuerzas del orden, pero el vaquero no se altera.
Camina airoso, gesto despreocupado, sonriente a veces, rodeado de su
guardia pretoriana.
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Gritos e insultos. Odio a España (Foto El País) |
¿Oyes los gritos,
oyes las algaradas, oyes los petardos?
Impertérrito, avanza siempre a su
ritmo lento y preciso como el de un metrónomo.
La calle arde. Han cortado
el tráfico. Molestan a los automovilistas. Los camioneros están a
punto de reventar.
El vaquero sigue inalterable. Avanza
triunfal por la avenida despejada, libre de explosiones y ruidos,
tranquila, asegurada previamente por los agentes de la autoridad.
Delante, también a paso rítmico, más ligero que parsimonioso, anda
su corte de ayudantes, mayormente mujeres ajenas al tanto
por ciento, empoderadas por el líder y señor.
¡Vaquero, por Dios! ¡Las turbas
siguen intentando aguarte la fiesta! ¡Di algo, haz algo!
Los
agentes sacuden jarabe de palo. No se andan con
chiquitas. ¡Toma payaso! ¡Toma moza descarada! ¡Toma encapuchado cobarde! ¡Qué república ni qué collóns! ¡La república no existe! Caen
estacazos a discreción. Las turbas, espoleadas por sus molt
honorables, berrean, insultan, escupen, arrastran y rompen mobiliario
urbano. ¡Qué locura de gente! Hay heridos, detenciones. ¿Se han
vuelto locos? ¡Grita, España, grita!
La caterva en su ambiente
La caterva en su ambiente
Y el vaquero, ni caso. No oye, no ha
cambiado en ningún momento el gesto indolente desde su entrada en la
gran ciudad. ¿Abucheos, bramidos, estacazos, insultos, incendios,
barricadas...? Nada altera al vaquero. La caterva está en su
ambiente. Quiere exhibir fuerza y victimismo ante el mundo. Pero el
vaquero continúa sumido en sus pensamientos. ¿Quién los conoce?
¿Son de odio o amor, de abulia o egoísmo? ¿Es acaso este hombre la encarnación
de un ser superior, capaz de convertir la violencia en diálogo, la ley en
viruta, la economía en la cuenta de la lechera y el patriotismo en
agua de borrajas? ¿Alguien lo sabe? ¿Qué fuerza arcana mueve sus
impulsos, si alguno tiene?
La calle sigue ardiendo. Es un día
triste, muy triste. Se van perdiendo batallas, una tras otra, hasta
la derrota final... ¡Pobre Cataluña, pobre España! Damos al mundo
razones para seguir pensando que las únicas fuerzas capaces de
destruir este grandioso país somos los propios españoles. ¡Mas grita, España, grita! ¡Que se oiga tu voz!- JT