jueves, 20 de agosto de 2015

Rioseta, campo base de la élite militar del alpinismo

De mi voluminoso y desordenado archivo de películas en blanco y negro y color he extraído estas fotografías del año 1988. Tal vez despierten gratos recuerdos en los militares (mandos y soldados) pertenecientes a las compañías de montaña, que empleaban un roquedal próximo a su campamento para formarse como escaladores. Tomé estas imágenes al regreso de una ascensión a la Pala de Ip por el valle de Izas. Ya de vuelta, en la carretera de Jaca a Canfranc, cerca del Col de los Ladrones, donde había dejado el coche, me topé con la inesperada imagen de unos soldados practicando la escalada.


En el primer largo
Próximo al improvisado rocódromo estaba el campamento de Rioseta, que fue utilizado como base de entrenamiento por unidades de especial dureza como el Escuadrón de Esquiadores-Escaladores de Viella, los grupos de Operaciones Especiales y el Regimiento de Cazadores de Alta Montaña Galicia Nº 64 con sede en Huesca. Desde 1945, fecha de inauguración de este campamento-escuela, se han venido forjando en él y en el de Candanchú algunos de nuestros mejores esquiadores y montañeros. Para acreditarlo basta recordar las expediciones militares a montañas de difícil ascenso como el K-2 y el Everest, en cuyas cimas izaron la bandera de España como símbolo inequívoco de su potencialidad escaladora.

Uno de los grandes alpinistas de esas unidades militares es el coruñés Roberto Santaeufemia, coronel retirado pero activo como profesor de esquí en Reus. A finales de los años ochenta del pasado siglo mandó la Compañía de Esquiadores-Escaladores de Viella, a la que por su excelente preparación y capacidad operativa se le llamaba la Pequeña Legión Blanca. Santaeufemia comenzó su vida montañera en el club Rey Gerión de La Coruña a principios de los años setenta. Fue, además, uno de los cincuenta socios fundadores de la prestigiosa Sociedad de Montaña Ártabros, promovida por los montañeros coruñeses Enrique de Arce y Francisco Parga. Este último, profesor de música, excelente intérprete de guitarra clásica y consumado alpinista dirigió el Gerión durante más de una década. Con él, y también con el leonés Isidoro, efectuó Santaeufemia su bautizo como escalador. A mediados de los setenta ascendieron los tres a la cumbre del Picu Urriello (Naranjo de Bulnes), creo recordar que por la vía del Paso Horizontal de la cara sur.

Descenso en rappel. Correcta 
postura del escalador: distendido 
con el cuerpo separado de la pared
Uno de los hitos destacados del historial alpino de este militar es la subida en el Tibet al Shisha Pangma (8.064 m), el más bajo de los ochomiles himaláyicos, en octubre de 1990. Junto con otros compañeros, Santaeufemia alcanzó la cima principal. Una peligrosa cornisa nívea y estrecha, inmediata a la cumbre, había frustrado hasta entonces los planes de otras expediciones. Sin embargo, el grupo militar español la pasó, y también, aunque no hay prueba clara de ello, en los años sesenta, un nutrido grupo de chinos. 
    
Las imágenes de este post están tomadas con una pesada Rolleiflex Tessar (negativo 6x6) de incómodo manejo, que solía dejar en el automóvil por la molestia que presentaba su traslado en una mochila repleta de quincalla, cuerdas y material de vivac. Y no solo por su peso y tamaño, sino también por temor a que se dañara. La había comprado en los años sesenta en Berlín a un precio muy elevado. Era entonces una de las máquinas más buscadas por aficionados y profesionales de la fotografía. Atraían la calidad de sus lentes y el tamaño de su negativo muy apto para ampliar pequeñas partes sin perder finura. Y aunque ahora me he esmerado en la digitación de estas fotos, el resultado es bastante imperfecto. Ya se sabe que el tratamiento de la película en los laboratorios comerciales suele dejar defectos cuando no se hace con primor. Aparte de las rayas y huellas de dedos que quedan marcadas en el negativo, el uso incorrecto del fijador hace que, con el paso de los años, la imagen se degrade, pierda su verdadera tonalidad y adquiera un aspecto de vejez que muchas veces la afea.- JT  

Dos cordadas de tres miembros emprenden la ascensión por la roca cercana a Rioseta
El primero de cordada asegura ya desde arriba a sus compañeros. La subida no parece difícil, pero un fallo puede ser mortal

Asegurando desde la base de la pared. Los montañeros militares usan el material de la época: arnés de cordino, botas de gruesa suela, pesadas e incómodas, y un no menos incómodo casco. ¡Es lo que había!