Pedro Sánchez ha
recibido ya su bautizo (con perdón) europeo como presidente del Gobierno de
España. Sus encuentros con Macron y con Angela Merkel
son el mejor reconocimiento a una nación fuerte y poderosa, soleada
y gentil, bulliciosa y alegre: turística por excelencia. Mas no crea
don Pedro que tan alto honor se deba a su persona, no. Sería una
ingenuidad. Porque en política exterior no priman los personajes, sino aquello que representan. Y en este caso nuestro presidente
representa mucho, nada menos que a España, a la España grande y
saludable, aunque sufra hoy una crisis territorial y social que viene
desgastando su poderío.
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Sánchez y Angela Merkel en Berlín (Foto Efe) |
He de confesar sin rubor que siento
cierta admiración por don Pedro, un fondista que se ha ganado
deportivamente los apelativos de pendemolinos y trepapeñones.
Pero, ¡quietos parados!, que no hay ánimo de ofender a mi señor ni
ganas de lanzarle mostacilla. Solo pretendo simular la práctica
deportiva aplicada a la actividad política. Digo pues que, si un
buen día Sánchez pendió de un aerogenerador con doble
cuerda, bien asegurado por el aventurero Jesús Calleja
y sus compas, para un programa de Cuatro, hoy el éxito
de su gestión pende de unos nacionalistas que si no les da lo que
reclaman, estén o no justificadas sus exigencias, lo dejarán caer.
Los catanazis exigen independencia; también los
filobatasunos. Unos y otros aumentan sus escaramuzas contra la
legalidad vigente para probar suerte y lograr objetivos. Y ahí están
la ministra Meritxell Batet y el propio Sánchez
anticipándonos con sus declaraciones el curso que van a seguir los
acontecimientos: cambios en la Constitución, acercamiento de presos
a cárceles de sus regiones, cesiones de tributos, etc.
Pienso que a don Pedro le ha sido más
fácil y menos arriesgado subir a la presidencia de España que a la
cima del Peñón de Ifach, a la que llegó protegido también
por Calleja, mostrándonos una capacidad de aguante propia de gran
fondista. Pero trepar peñón poco o nada tiene que ver con trepar
gobierno. En
la subida a la roca se puede perder la vida. En la del Gobierno, el
riesgo no llega a tanto y, además, en caso de caída las lesiones
quedan compensadas con un bien retribuido retiro de por vida.
Frente a la actitud poco clara y el, al menos, aparente entreguismo que vienen
evidenciando don Pedro y la señora Batet, la ministra de Defensa Margarita Robles no parece claudicar ante ese adversario
cómplice del empujón a Sánchez hacia La Moncloa. Dijo esta
ministra cosas muy sensatas sobre nuestros Ejércitos. Arengó a sus
mandos a seguir velando por la unidad de España, y exaltó las
labores de paz y ayuda de nuestros militares en el extranjero. Item
más, a doña Margarita no le dolieron prendas cuando, siendo ya
ministra, en declaraciones públicas, defendió desde sus amplios
conocimientos jurídicos nuestra Constitución. Sí, defendió
esa Carta Magna que catalanes y vascos respaldaron plenamente en su
día y a la que hoy muchos de ellos le hacen ascos porque les impide
separarse de España.- JT