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Carmona: "Ni un paso atrás" /EFE |
¡Huy, huy, huy!, cómo andan las cosas en el Partido
Socialista de Madrid (PSM). Antes cayó Tomás
Gómez de la candidatura a la presidencia de la Comunidad. Ahora le toca a
uno de sus amigos y adláteres, el muy leal profesor Antonio Miguel Carmona, tertuliano asiduo de programas de
televisión. Por retirarlo de la portavocía del Ayuntamiento madrileño le ofrecen
el puesto de senador. Toda una bicoca, un chollo por el que muchos hombres y
mujeres batirían el cobre. Pero Carmona,
¡oh sorpresa!, renuncia a tan apetecible cargo y opta por seguir ejerciendo oposición
(?) en el consistorio, una oposición descafeinada, débil, hasta hoy poco
consistente como se ve. En su día el partido “le obligó” a pactar con Ahora
Madrid para impedir que la señora Aguirre
fuese alcaldesa. Y aceptó. Hoy le piden que abandone el Ayuntamiento, pero
Carmona se resiste arremetiendo contra
su jefe de fila porque se siente maltratado, y para mayor escarnio reafirma
su lealtad al destituido Gómez y al joven Juan
Segovia, pico de oro y tenaz contrincante, que fue derrotado en la
recientes elecciones a la secretaría general del PSM.
La amenaza de Carmona a los suyos es clara: “No me van a
callar”. Habla ya de división interna en el PSM y de la mala repercusión electoral que este hecho podría tener en las
generales. De sus actuaciones se deduce que estamos ante un personaje poco
coherente y nadador de dos aguas: una de oposición a los populismos, otra de
colaborador de ellos. Dice que quiere
seguir donde está para defender a los madrileños. Pero, ¿a qué madrileños? ¿A
los que dieron a su candidatura solo nueve concejales, o a quienes rechazan
comportamientos detestables como el del edil divulgador de chistes ofensivos sobre judíos y víctimas
del terrorismo, o el no menos censurable de la joven munícipe que profanó con
palabras y acciones una iglesia cristiana?
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Gómez y Carmona: amigos leales hasta que la política los separe (La Razón.es) |
Al señor Carmona le vendría bien perder voz y ganar
credibilidad, porque ambas cosas no parecen muy compatibles. Quien mucho habla
mucho yerra, sabia sentencia. Y este político, de reconocida popularidad mediática,
no puede ocultar sus preferencias y sus contradicciones. De prodigar sensatez y
concordia en los corros audiovisuales ha pasado a perder crédito a manta al
enrolarse voluntariamente en una aventura electoral desafortunada. Y no
quiera ahora convencernos de que va ser él, precisamente él, quien haga el
cambio que necesita el PSOE para recuperar la lozanía y el prestigio que este partido tuvo
en tiempos pasados. A los resultados de
las elecciones de mayo me remito: el PSOE consiguió nueve concejales con Carmona
al frente. Cuatro años antes, el mismo partido, con Jaime Lissavetzky, había logrado quince ediles. El fracaso del
primero es bien evidente, como lo es también que a Pedro Sánchez le ha salido un nuevo e incómodo grano en el trasero.- JT