
Normativa sancionadora
Bien, aceptemos que el canal necesita audiencia para recibir publicidad con la que poder subsistir. Pero, aún siendo así, nada justifica los gruesos y malsonantes improperios que se lanzan unos a otros. ¿Por qué no establecéis una normativa sancionadora, de manera que, por ejemplo, se le asignen puntos negativos a cada concursante por cada taco que largue, y que esos puntos decidan su nominación? Que discutan, que polemicen, que desencadenen tensiones o que se lancen fuertes reproches si la situación lo exige, pero, por favor, moderen sus palabras, sus insultos; limpien sus lenguas: supriman esas expresiones propias de gente del más bajo nivel.
Después de lo dicho, debo admitir que el programa tiene su interés porque nos da a conocer los comportamientos, forma de vida, problemas e ilusiones de una parte de nuestra juventud, de una juventud muy distinta en conducta y en palabras de la que tú debes de conocer de la montaña, aunque quizá en el fondo no haya entre ambas grandes diferencias. Acabar, pues, con ese lenguaje soez, impropio de personas educadas, sería un buen objetivo para ese equipo de profesionales enfrascado desde hace años en la realización de un polémico pero exitoso espacio televisivo. Es una sugerencia, compañera de horizontes montañeros, y también, ¿por qué no?, el deseo de un espectador.
La montaña, forja de voluntades
Por cierto, ¿puede haber mayor deleite, por ejemplo, que el de la contemplación del sol declinando, desde la pequeña cima del Monte Perdido, con la inmensa falla de Ordesa a tus pies? ¿Puede haber mayor gozo para cuerpo y espíritu que el de la observación desde la cumbre suiza del Matterhorn, pegado a su cruz, de un territorio alpino, gélido pero subyugante, estremecedor en suma, de tantos y tantos cuatro miles nevados y en caótica ordenación?
En fin, a todos esos jóvenes malhablados e insolentes les vendría muy bien formarse en la montaña, vivir la experiencia de la necesidad, del gozo y la desazón; de los fríos extremos que conducen al aterimiento del cuerpo. Me refiero a esa montaña que tú conoces, por lo que he leído en tu blog: la de la solidaridad y la generosidad. La hermosa. La que es forja de voluntades y aliviadero de odios y rencillas. Llévalos alguna vez a ella: tal vez aprendan a convivir en armonía y a comunicarse sin emplear insultos ni expresiones soeces. Saludos de JT.
La montaña, forja de voluntades
Por cierto, ¿puede haber mayor deleite, por ejemplo, que el de la contemplación del sol declinando, desde la pequeña cima del Monte Perdido, con la inmensa falla de Ordesa a tus pies? ¿Puede haber mayor gozo para cuerpo y espíritu que el de la observación desde la cumbre suiza del Matterhorn, pegado a su cruz, de un territorio alpino, gélido pero subyugante, estremecedor en suma, de tantos y tantos cuatro miles nevados y en caótica ordenación?
En fin, a todos esos jóvenes malhablados e insolentes les vendría muy bien formarse en la montaña, vivir la experiencia de la necesidad, del gozo y la desazón; de los fríos extremos que conducen al aterimiento del cuerpo. Me refiero a esa montaña que tú conoces, por lo que he leído en tu blog: la de la solidaridad y la generosidad. La hermosa. La que es forja de voluntades y aliviadero de odios y rencillas. Llévalos alguna vez a ella: tal vez aprendan a convivir en armonía y a comunicarse sin emplear insultos ni expresiones soeces. Saludos de JT.
Ilustración: Mundofotos.