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Lealtad al Rey y hacer guardar la Constitución Promesas de Sánchez en La Zarzuela (Foto Fernando Alvarado. Pool) |
Bueno es acordarse de que a ningún líder político europeo le conviene menospreciar el apoyo del cristianismo, entre otras razones porque Europa es la unión de países que conviven en paz y bienestar gracias a los valores del humanismo cristiano. Si se quiere llenar de votos el granero en unas elecciones no conviene prescindir de un colectivo de millones de personas. A día de hoy, el humanismo al que hago referencia no es indigno ni desestima el progreso, ni acepta la opresión de la persona humana. Es tan lícito en sus objetivos como puede serlo el ateísmo del nuevo presidente español. O quizá más, pues busca y protege la dignidad, las libertades y los derechos de las gentes, tratando de unirlas, no de separarlas. Además, cristianismo no es solo doctrina, es también cultura.
Panorama inquietante
Por otro lado, el señor Sánchez
deberá enfrentarse en su mandato como presidente a una situación de
alta tirantez. Tirantez originada por los desafíos
autárquicos y la irrupción de grupos revoltosos y
vocingleros más dados a la política callejera que a la regida por
la mesura. Le van a tensar fuerte la cuerda de su actuación en
las próximas semanas, sobre todo su mayor oponente, el PP, que ha
sentido en sus carnes la felonía vasca. Todos querrán alcanzar sus
objetivos: unos, la independencia inmediata; otros, pasta, mucha
pasta, dejando de momento a un lado sus anhelos soberanos; y los
terceros, defensores de utopías, chabacanos en la forma y poco
respetuosos en su proceder parlamentario, intentarán poner a España
patas arriba con su república de pilares bananeros e ideario leninista.
Sánchez lo tiene muy difícil. Quizá
a estas alturas se sienta arrepentido por el doble salto mortal que
dio en el Congreso. La mayoría absoluta la tiene el PP en el Senado,
y en la Cámara Baja le resultará peliagudo obtener el respaldo sin
condiciones de nacionalistas y del frente de la izquierda
radical. Ha sido audaz con su moción de censura a Rajoy, hay que
reconocerlo. A ver ahora si esa audacia convierte en prudencia su
gobernación. La BBC y otros medios extranjeros le han puesto el
sobrenombre de Pedro El Hermoso por su atractivo físico. Yo
le llamaría Pedro El Juicioso si demuestra ser capaz de ejercer el gobierno de manera prudente, sin
quebrar España, durante el tiempo que le quede de premier.-
JT