lunes, 4 de junio de 2018

Sánchez, presidente: de la fumata roja salió un ateo audaz


Lealtad al Rey y hacer guardar la Constitución
Promesas de Sánchez en La Zarzuela
(Foto Fernando Alvarado. Pool)
      Dura será la caída del nuevo presidente del Gobierno si sigue por ese camino. Empieza con mal paso. El señor Sánchez puede ser ateo. Nadie lo va a impedir ni nadie va a criticar su forma de pensar, ya que el sentimiento es intocable y el pensamiento libre, cada uno tiene el que quiere, faltaría más. Otra cosa es saber usarlos con delicadeza ante los demás y en especial cuando se trata de un político en situación precaria, dado que con los ochenta y cuatro diputados del PSOE, sumados a los sesenta y siete de Podemos, la cifra que da para gobernar es absolutamente pequeña. Salvo, claro está, que el presidente, a la chita callando, haya pactado el apoyo de los indepes catalanes y vascos, los filoetarras de Bildu y el de otros grupos minoritarios extasiados por el proceder contra Rajoy.        Bueno es acordarse de que a ningún líder político europeo le conviene menospreciar el apoyo del cristianismo, entre otras razones porque Europa es la unión de países que conviven en paz y bienestar gracias a los valores del humanismo cristiano. Si se quiere llenar de votos el granero en unas elecciones no conviene prescindir de un colectivo de millones de personas. A día de hoy, el humanismo al que hago referencia no es indigno ni desestima el progreso, ni acepta la opresión de la persona humana. Es tan lícito en sus objetivos como puede serlo el ateísmo del nuevo presidente español. O quizá más, pues busca y protege la dignidad, las libertades y los derechos de las gentes, tratando de unirlas, no de separarlas. Además, cristianismo no es solo doctrina, es también cultura.
      Por otro lado, el señor Sánchez deberá enfrentarse en su mandato como presidente a una situación de alta tirantez. Tirantez originada por los desafíos autárquicos y la irrupción de grupos revoltosos y vocingleros más dados a la política callejera que a la regida por la mesura. Le van a tensar fuerte la cuerda de su actuación en las próximas semanas, sobre todo su mayor oponente, el PP, que ha sentido en sus carnes la felonía vasca. Todos querrán alcanzar sus objetivos: unos, la independencia inmediata; otros, pasta, mucha pasta, dejando de momento a un lado sus anhelos soberanos; y los terceros, defensores de utopías, chabacanos en la forma y poco respetuosos en su proceder parlamentario, intentarán poner a España patas arriba con su república de pilares bananeros e ideario leninista.
      Sánchez lo tiene muy difícil. Quizá a estas alturas se sienta arrepentido por el doble salto mortal que dio en el Congreso. La mayoría absoluta la tiene el PP en el Senado, y en la Cámara Baja le resultará peliagudo obtener el respaldo sin condiciones de nacionalistas y del frente de la izquierda radical. Ha sido audaz con su moción de censura a Rajoy, hay que reconocerlo. A ver ahora si esa audacia convierte en prudencia su gobernación. La BBC y otros medios extranjeros le han puesto el sobrenombre de Pedro El Hermoso por su atractivo físico. Yo le llamaría Pedro El Juicioso, si demuestra ser capaz de ejercer el gobierno de manera prudente, sin quebrar España, durante el tiempo que le quede de premier.- JT