martes, 5 de febrero de 2019

Rei Cintolo, el libro definitivo sobre la cueva gallega

Portada y contraportada del libro de Xurxo y Javi
El sábado día dos de febrero se presentó en Mondoñedo (Lugo) el libro A Cova do Rei Cintolo, del que di información en una entrada anterior. Hoy, con un ejemplar ya en mis manos, trataré de ampliar mi parecer sobre su contenido. Los autores son los espeleólogos mindonienses Xurxo Lorenzo y Javi Fouz, quienes acumulan una sólida experiencia en la exploración e investigación de cavidades subterráneas; en esa actividad que se ha dado en calificar de deporte-ciencia, aunque, en mi opinión, debe de tener más de ciencia que de deporte.
Lo digo porque la inclusión de la espeleología en la lista de disciplinas deportivas puede hacer pensar a muchos que quienes la practican son unos cachas de pectorales robustos y brazos musculosos y unos competidores en busca del récord. Pero no, no es así. En la exploración y estudio de las cuevas hay todo tipo de seres humanos: altos y bajos, gordos y flacos, musculosos y endebles, osados y asustadizos. No, no es necesaria una dosis mayor de fuerza que la que exige el avance por gateras, el ascenso por cuerda con jumar y estribo, las bajadas en rápel, las torsiones para subir por estrechos agujeros a un nivel superior, etc. Pero eso no es precisamente una actividad deportiva. Requiere, eso sí, buena salud, fuerza, decisión y, sobre todo, prudencia. Esa  prudencia que es clave del éxito tanto en la espeleología como en todos los deportes de riesgo.
Así pues, la exploración de cavidades tiene más de ciencia que de deporte. Y no se me enfaden quienes alardean de lograr plusmarcas de descenso o ascenso en tal o cual sima, en tal o cual montaña. ¿Acaso necesitaban ser unos cachas de atlética constitución James Coock, Amundsen, Hillary, Magallanes, Humboldt, Marco Polo, Darwin y otros muchos, para explorar mares, montañas, ríos y cuevas? Pues no necesariamente. El espeleólogo deportista explora y guía al científico por los intrincados laberintos de lo desconocido, pero ahí suele terminar su función. Hoy, la espeleología está unida a la especialidad de descenso de cañones, dentro del capítulo de deportes de riesgo. Pues bien, en mi opinión, esta ciencia debería de estar fuera del área deportiva y pasar al núcleo de sociedades científicas, o sea, al de profesionales dedicados a la investigación. Y digo esto a riesgo de que me excomulguen los talibanes defensores a ultranza de su feudo deportivo, que muchos hay aún en la oscura viña del Señor.
Tras esta reflexión quiero matizar que a la ciencia -no exclusivamente al deporte- han recurrido los dos espeleólogos antes citados para esclarecer la historia de la cavidad por excelencia de Galicia, territorio cicatero en karts pero de generoso subsuelo. Investigaron a fondo en hemerotecas, bibliotecas, periódicos y todo medio que pudiese proporcionarles luz y testimonios sobre el devenir de la cueva, desarrollando un trabajo exhaustivo que dio como resultado el excelente libro objeto de mi comentario. A Cova do Rei Cintolo de Mondoñedo recoge en sus 368 páginas la información necesaria para que el investigador exigente pueda conocer con detalle la cavidad y su historial de visitas y acontecimientos.
Con referencias de celebridades de la ciencia y la literatura sobre la cueva, y relatos y aportaciones planimétricas de los expedicionarios que la visitaron, los autores esclarecen, cumpliendo el rigor que un hecho así demanda, la historia de una cavidad hasta hoy perdida en los anaqueles de las hemerotecas. El libro está repleto de fotografías y planos de distintas procedencias, bien editado e impreso en papel cuché de alta calidad. Sus patrocinadores, Ayuntamiento de Mondoñedo y Xunta de Galicia, no han escatimado medios en una obra que por la calidad de su contenido y la importancia del tema es fuente extraordinaria de información para actuales y futuros investigadores y, como no, para el turista interesado por conocer a fondo los lugares que visita.
Lo recomiendo, pues, a federaciones y clubs de espeleología y montaña. E incluso, también, a la Guardia Civil, una fuerza benemérita, experta en rescates, a la que le vendrá de perlas poseer en sus archivos planos, fotos e historia de una cueva de complejo tránsito en la que no es fácil rescatar, desde los lugares más alejados de la entrada, a la víctima de un accidente. La primera edición es bastante limitada en cuanto al número de ejemplares, pero cabe esperar que aumente en futuras reimpresiones y salga también en versión castellana. Se vende a quince euros. Y aconsejo, a quienes tengan interés en adquirir el libro, que se dirijan al Ayuntamiento de Mondoñedo, cuyo teléfono podrán encontrar por internet en la web de esa ciudad monumental.- JT

Entrada a la cueva en los años setenta

Paso do Diodo. No apto para gordos o barrigudos

Humanoide formado por las tonalidades de la caliza


Concreción calcárea en la Sala Valle-Inclán

5 comentarios:

Fernando Luspe dijo...

Esa cueva debe de ser muy chula. Voy a tratar de comprar el libro y pienso visitarla cuando el tiempo mejore pues ahí dentro debe hacer mucho frio y quiero llevar conmigo a los hijos.

Anónimo dijo...

Fernando, a tus hijos puedes llevarlos a esta cueva, tantas veces visitada, en cualquiera tiempo, pues en invierno es cálida y en verano fresquita.

Fernando debesa dijo...

Llevo 45 años practicando espeleo y pocas veces he leído un artículo tan acertado sobre esta actividad.en hora buena por el articulo

José Temes dijo...

Gracias, Fernando. Me alegra que compartas mi opinión. Siempre he considerado que la espeleología es más ciencia que deporte.-JT

Anónimo dijo...

¿Ciencia o deporte? Poco a poco el científico se va haciendo espeleólogo. Llegará un día en que como dices en tu comentario la espeleología será una actividad imprescindible para que geólogos, arqueólogos, biólogos, historiadores, geógrafos, hidrólogos, paleontólogos, antropólogos y paro de contar puedan investigar en sus respectivas especialidades. Al simple espeleólogo le quedarán reservados los trabajos de exploración, topografía y rescate, que ya es mucho.