Hace años, en el Berlín dividido, el agua del Spree ocupaba
un segundo lugar, tal vez porque llegaba contaminada
de la parte soviética a occidente. Entonces era el aire, el Berliner Luft, el souvenir más reclamado por los turistas que visitaban los sectores aliados.
Compraban ese aire en pequeños frascos, junto con el himno que ensalza las
excelencias de su pureza: Das ist die
Berliner Lutf, Luft, Luft… Todo un símbolo de una metrópoli aislada por
tierra y cercada por un muro de ladrillo y campos minados. Mas con la
reunificación, el aire berlinés perdió su atractivo, se evaporó del ámbito
comercial y dejó paso al agua del Spree, río turístico por excelencia de la
gigantesca red fluvial de tránsito de personas y mercancías de la capital
alemana y de su vecina región, Brandemburgo, la de los dos mil lagos.
Para disfrutar sin ruidos ni agobios de este río, en la paz
de una naturaleza salvaje pero bien protegida, hay que trasladarse a la llamada
Selva del Spree (Spreewald). Allá me
fui este verano, en repetida visita, para rememorar pueblos, paisajes y buenas
mesas. En Lübbenau, ciudad acogedora y turística, situada en el corazón de ese
territorio, encuentra el visitante una interesante oferta de actividades de aire
libre. También en Schlepzig y en Lübben. Hay cientos de quilómetros de caminos
y pistas para recorrer en bicicleta, sendas interminables para buenos y malos
andadores, cursos fluviales para los amantes de la navegación deportiva y, cómo
no, embarcaciones movidas por barqueros con pértiga que llevan a los turistas
por el cauce del Spree a través de esa civilizada selva europea.
Pedalear quilómetros y quilómetros por caminos llanos es un
placer reservado a quienes todavía tienen músculo y fuelle. Y no menos placer proporciona
la navegación en canoa, o si se prefiere en embarcación de recreo movida con
pértiga, sin ruidos ni humos, porque para los habitantes de esos lugares el
ruido es blasfemia y la contaminación pecado mortal aunque, como en toda regla, haya excepciones.
La Selva del Spree está en
la Lusacia (Lausitz), al sureste de
Brandemburgo, en territorio de campiña pantanosa. La pueblan los sorbios, de
habla alemana, un pueblo bilingüe que conserva vivo el idioma de sus
antepasados, el sorabo. Posee numerosos vestigios históricos y artísticos; goza,
pues, de grandes atractivos.
El anchuroso llano de la Europa central me ha atraído
siempre por su contraste con la montaña. Y lo digo porque, cuando hay que entrar
en pausa para darse un respiro, meterse en esos lugares a disfrutar de sus
posibilidades turístico-deportivas es una alternativa saludable: se fortalece el
cuerpo, se satisface el paladar, y se despeja de la mente la tensión que
produce el montañismo de dificultad y el ajetreo de la vida diaria.- JT
Una calle de Lübbenau. La flor siempre está presente en ventanas y balcones. Hay coches, pero apenas se oyen ruidos. Es una calma reconfortante.
Lübbenau: ¿Qué hay ahí dentro, cerveza o vino? Ninguna de las dos cosas.
El barril se aprovechó para uso del kiosco al que está adosado. Las bicicletas
están siempre presentes en la llanura.
Lübbenau: Los perros tienen su plaza de aparcamiento. Junto a la puerta
de una tienda, el cliente deja segura a su mascota mientras hace la compra. El
cartel de parking identifica claramente la función del mosquetón que tiene
colgado. Toda una muestra de civismo.
Schlepzig. Esta pequeña compuerta regula el paso del agua del
río a zonas adyacentes.
Schlepzig. La piragua pasa junto a la embarcación turística delante de un
embarcadero. Hay una paz octaviana en el ambiente de estos lugares. La barca con motor es una excepción de la regla de silencio.
Lübbenau: El hombre ha construido paseos de madera sobre el agua en las
zonas de la selva por las que discurren caminos y sendas de pequeño y gran
recorrido.
Lübbenau. Decenas de embarcaciones permanecen varadas a la espera de
turistas.
Schlepzig. Un grupo de palistas hace cola para entrar en la
esclusa que los situará en el nivel superior del río.
Schlepzig. Original macetero. Terminada su vida útil, esta canoa ejerce
una función decorativa.
Lübbenau. En esta zona del río el motor es una agresión al ambiente. La embarcación
se mueve impulsada por la pértiga que diestramente maneja el barquero.
Schlepzig. Una moto espectacular, con gancho para remolque y robustas
ruedas tractoras. ¿Diseño propio?
Schlepzig. Restaurante situado en las proximidades del embarcadero. La
tranquilidad preside el ambiente natural del lugar en el que no faltan árboles y plantas.
Para complacer al paladar, el arenque en salsa de nata, las Bratkartoffeln con ensalada, o alguno de
los deliciosos embutidos típicos del país, bien regados con cerveza de barril,
son platos recomendables y baratos.
¿Guerra? No. no. Es paz, pura paz rotunda. El viajero se encuentra a
veces en Alemania con monumentos como este. La inquietante silueta del tanque
ruso es hoy un mero símbolo de lo que nunca jamás debe volver a ocurrir.
Los alemanes no olvidan a sus muertos. Cada pueblo los
recuerda en lápidas u obeliscos situados en lugares céntricos, como este de
Schlepzig. En la leyenda de la parte superior figuran unas frases
enaltecedoras. Se refieren a los vecinos del lugar caídos en la I Guerra
Mundial. Aunque los restos de estos
héroes se hayan descompuesto, la llama de sus heroicas hazañas los hace
inmortales, viene a decir la leyenda. Debajo, los nombres de los muertos.
Lübbenau. Está bien claro en la señal a quiénes afecta la prohibición. Por si los dueños de los canes la ignoran, ahí tienen un preciso recordatorio.
Las tranquilas aguas del río son utilizadas por los amantes
del remo. Seguir el curso del Spree por el cauce de la selva es una buena
manera de hacer deporte disfrutando de un entorno paradisíaco.
Brandemburgo es tierra de lagos. Hay miles. Este pequeño de Schlepzig
comparte vecindad con el Spree. Lo circunda un camino para andadores, ciclistas
y jinetes conectado con un GR centenario en quilómetros




















2 comentarios:
Los sorbios tuvieron problemas con Hitler. El criminal dictador no permitió el uso ni la difusión del sorabio. Es bueno que en la actual Alemania se respeten los valores propios de cada pueblo, como es el caso de las lenguas. La selva esa parece muy chula. Tendre que visitarla para disfrutar de sus encantos. Pedalear por el llano, menudo placer!!!.
José Luis
La moto de la fotografía podría ser una Trike Rewaco, pero por su acabado creo que está manipulada o como dices es de fabricación propia. Estas motos están de moda desde hace algunos años en Europa aunque en España no se ven muchas, supongo qur debido a su precio. Son una chulada para viajar en verano y fardar. LUCIANO
Publicar un comentario en la entrada