Cuando me aproximo al Ayuntamiento, veo, junto a una de sus paredes,
¡material bélico de las legiones del imperio! Torreta de asalto, ballesta,
catapulta… ¿Entramos en guerra? ¿Ha comenzado el levantamiento de la plebe
contra el poder exigente y aniquilador de Madrid y Bruselas? ¿A quién se van a
cargar estos hijos de aquel pueblo de gentes estoicas, aguerridas, de alma
entregada al druida, asentadas en este trozo de territorio galaico? ¿Contra
quién van a guerrear los descendientes de césares, senadores, tribunos,
artistas o legionarios, cultivadores exquisitos de las artes y las ciencias, fundadores, dos mil
años atrás, de la Lucus Augusti, hoy
Lugo a secas?
Fiesta de interés turístico
No, no suenan a guerra los tambores. Suenan a paso marcial, en filas poco prietas, más bien desordenadas, en un desfile de toda la sociedad romana y castreña representada por los ciudadanos de Lugo. Suenan a euforia, a gozo, a felicidad. Celebran la Arde Lucus, undécima edición, catalogada como Fiesta de Interés Turístico de Galicia. Hombres y mujeres, niños y niñas de toda edad, clase y condición (como otrora se decía), visten atavíos de aquellos tiempos: la ropa elegante y vistosa del pueblo romano, las pieles de los antiguos pobladores de Galicia, las recias armaduras de los legionarios, las armas del gladiador, y también -no podían faltar en una sociedad ilustrada como la lucense- los símbolos de una cultura que invadió Europa y contribuyó a civilizarla.
No, no suenan a guerra los tambores. Suenan a paso marcial, en filas poco prietas, más bien desordenadas, en un desfile de toda la sociedad romana y castreña representada por los ciudadanos de Lugo. Suenan a euforia, a gozo, a felicidad. Celebran la Arde Lucus, undécima edición, catalogada como Fiesta de Interés Turístico de Galicia. Hombres y mujeres, niños y niñas de toda edad, clase y condición (como otrora se decía), visten atavíos de aquellos tiempos: la ropa elegante y vistosa del pueblo romano, las pieles de los antiguos pobladores de Galicia, las recias armaduras de los legionarios, las armas del gladiador, y también -no podían faltar en una sociedad ilustrada como la lucense- los símbolos de una cultura que invadió Europa y contribuyó a civilizarla.
Durante tres días Lugo fue ciudad de romanos y galaicos. Las gentes que poblaban antaño este territorio se sometieron al Imperio, bajo la fuerza
poderosa de las legiones. Al fin Roma implantó aquí su cultura y sus
costumbres. Pasados más de dos mil años, el rencor contra los invasores se ha
trocado en camaradería y amistad duradera e inquebrantable. Mas, si entre ellos
retoñasen diferencias, estoy seguro de que pronto desaparecerían: los caldos
sacratísimos de la ribera del Miño no tardarían en devolverlos a la concordia.
Dos milenios atrás
Han logrado los organizadores preparar unas grandes fiestas. Se cuidó todo: atuendos, ornamentación, escenarios, tenderetes y actos, de tal manera que Lugo parecía haber regresado atrás dos milenios. Se representaba lo más característico de aquella época: mercado, artesanía y artesanos, campamentos, armas, termas (estas, auténticas), coliseo, circo, anfiteatro, gladiadores, etc. Y la estructura de la sociedad romana se identificaba fácilmente por las vestimentas que los lucenses, volcados en esta celebración (en especial profesores y alumnos de colegios de la ciudad), confeccionaron para darle un tono de realismo. Para completar la perfección del recuerdo, durante los tres días de festejos se emitió moneda romana de cobre para cambiar. Todos los establecimientos cobraban en esa divisa. ¡Oiga, señora Merkel, se han cargado el euro…!
Han logrado los organizadores preparar unas grandes fiestas. Se cuidó todo: atuendos, ornamentación, escenarios, tenderetes y actos, de tal manera que Lugo parecía haber regresado atrás dos milenios. Se representaba lo más característico de aquella época: mercado, artesanía y artesanos, campamentos, armas, termas (estas, auténticas), coliseo, circo, anfiteatro, gladiadores, etc. Y la estructura de la sociedad romana se identificaba fácilmente por las vestimentas que los lucenses, volcados en esta celebración (en especial profesores y alumnos de colegios de la ciudad), confeccionaron para darle un tono de realismo. Para completar la perfección del recuerdo, durante los tres días de festejos se emitió moneda romana de cobre para cambiar. Todos los establecimientos cobraban en esa divisa. ¡Oiga, señora Merkel, se han cargado el euro…!
La sociedad de la Roma antigua ocupaba calles y plazas, bares y tascas,
restaurantes y chiringuitos en los que el pulpo y los asados recibían la mayor
demanda. No eché en falta ninguna clase social. Estaban el Senado y la Orden
Ecuestre; los comandantes, los gobernadores y los funcionarios (¡coño, ya había
funcionarios!); la plebe, fácilmente satisfecha entonces por recibir trigo
gratis y diversión, o sea, pan y circo (hoy recibe más: pan y fútbol, coche y
televisor); estaban los esclavos, los libertos… todos invadían la ciudad. ¡Arde
que arde Lugo! Hasta los empleados de bares y restaurantes vestían ropas de la
época. Y un toque original: entre los grupos sociales que desfilaron por la
calles del centro, se movía con agilidad un fauno de largas y puntiagudas
orejas, de más de dos metros de altura, subido a unos zancos. Era la pincelada
que completaba el recuerdo de la mitología; el recuerdo de unos seres de fantasía,
habitantes de campos hoy despoblados por el éxodo de las gentes a la ciudad.
Mucho más que comida
Y para comer, Lugo, reza el lema turístico de la ciudad gallega. Bueno, digo yo, para comer, beber y divertirse. Además, para disfrutar de la amistad de unas gentes de entrañable simpatía y cordialidad. Y sobre todo, también digo, para enriquecerse culturalmente en los ilustrados ambientes de una urbe que debía ser toda ella, de la muralla para adentro, patrimonio de la humanidad, incluidas sus gentes.
Y para comer, Lugo, reza el lema turístico de la ciudad gallega. Bueno, digo yo, para comer, beber y divertirse. Además, para disfrutar de la amistad de unas gentes de entrañable simpatía y cordialidad. Y sobre todo, también digo, para enriquecerse culturalmente en los ilustrados ambientes de una urbe que debía ser toda ella, de la muralla para adentro, patrimonio de la humanidad, incluidas sus gentes.
Dejo a continuación fotos del desfile romano-galaico con el fin de que el
lector tenga una visión más completa de la Arde
Lucus. Pueden servir para obtener copias a las
personas que participaron en esa gran marcha. Enhorabuena, pues, por el éxito
de los festejos, por la contribución lúdica a la historia y la cultura, y por
el derroche de alegría y jocosidad de los participantes ante un
público que acabó la jornada romanizado. ¡Que arda Lugo muchos años! -JT
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Carteles de esta fiesta de interés turístico con la catedral al fondo |
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La participación de la mujer en este
festejo es importante. Su masiva presencia realza la marcha
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Profesores y alumnos de los centros de
enseñanza participan en el desfile
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También los peques se romanizaron. Ahí van, disfrutando del desfile junto a sus padres |
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Tambores, estandartes, y un papá romano
con su hijo en la silla
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Docentes y alumnos del ANPA Menéndez Pelayo |
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La presencia inesperada del fauno con su gaita sorprende a niños y mayores
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El estandarte del Colegio Cervantes
lleva la bandera con los colores del CD Lugo, ya en Segunda División
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Las gafas desentonan con el
atuendo, pero el sol y la belleza de las luguesas justifican su uso
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Romanos entre el público: senadores, plebeyos y soldados |
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El legionario abre paso portando el estandarte de su colegio |
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Participantes del Colegio Divino
Maestro. Alguien lleva un paraguas sin romanizar
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Las tribus castreñas estaban bien
representadas
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Colegio Salesianos. Guardia pretoriana del emperador |
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Tras la guardia desfila un
grupo de jóvenes tocando tambores
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Aspecto general del desfile a su paso
por la Plaza Mayor
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Va a comenzar la parada. Los infantes,
armados con escudo y lanza, esperan a que suene la orden de marcha para ponerse
en movimiento
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Una fuerza militar protege la ciudad
amurallada. Mantiene el orden y la alegría para que todos disfruten de la
fiesta
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Los jóvenes aporrean el tambor para dar un tono de marcialidad al desfile
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Estandartes del Salesiani Luci Augusti
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De los bares repletos de parroquianos
sale la gente a contemplar el paso de estos soldados bien
protegidos por sus cascos, malla y armadura pectoral
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Legionarios romanos patrullan por los rincones lúdicos de la ciudad. Hay que velar por la alegría del público
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La gente se agolpa para presenciar el
paso de romanos y galaicos. Al perrito lo han vestido a tono con la fiesta
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Terminada la sesión de los senadores,
celebrada delante del Palacio Episcopal, sus miembros se retiran a comer en
alguno de los numerosos restaurantes del casco histórico de la ciudad
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