martes, 16 de junio de 2015

En recuerdo de Choren, montañero y devoto lector

El día 13 del pasado mes de mayo falleció en Madrid el ilustre abogado y experto criminalista Alfonso González-Choren. A las generaciones actuales de montañeros no les sonará este nombre. Sin embargo, quienes ya peinamos canas  sabemos de sus hazañas en macizos de España y el exterior. Alfonso fue un gran amante de la naturaleza y de la escalada. Y también un generoso mecenas. En el roquedal de La Pedriza madrileña se formó como escalador junto a figuras muy conocidas de la época como Enrique Herreros y César Pérez de Tudela, quien recientemente le dedicó un cariñoso comentario en su blog.

El historial deportivo de Choren es corto en el tiempo, pero abundante en expediciones. De La Pedriza pasó a Gredos, Pirineos, Picos de Europa, Atlas, etc., desarrollando una intensa actividad en los años sesenta cuando él y Tudela compartían curso de Derecho en la universidad de Madrid. Ambos pertenecían al GAM de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara. Parecía entonces que su vida se orientaba definitivamente hacia la montaña, que ya nunca podría perder la afición, pero no fue así. Cuando lo vi por primera vez, su amor por el alpinismo era tan intenso como en sus primeros tiempos de escalador. Sin embargo, el ejercicio de la abogacía lo absorbió de tal manera que en pocos años acabaría abandonándolo. 

Muestra de ex libris. Se trata
 de un sello o etiqueta que
da fe de la identidad
de su propietario.
    
Conocí a Choren a mediados de los años setenta en su piso exclusivo de la calle Castelló de Madrid. Mi visita fue fugaz. No puedo reflejar con precisión datos y detalles de aquella charla, mas recuerdo dos cosas que me llamaron la atención: la gran cantidad de montañas que Alfonso había ascendido en tan pocos años y su bien nutrida biblioteca. No había visto hasta entonces tantos libros de montañismo en una colección privada, bien ordenados y clasificados. Libros y valiosos documentos que Alfonso conservaba como un tesoro de valor incalculable. Además, como buen bibliófilo, había creado su propio ex libris de marca de propiedad, en cuya imagen figuraba un motivo esencial para tan apasionado montañero: el relieve de un macizo alpino.

Choren, como Tudela y otros grandes escaladores de la segunda mitad del siglo pasado, nos legó una huella imperecedera, aunque fugaz, de su paso por el montañismo. Su vida familiar y la plena dedicación a la abogacía (fue letrado rotal y criminólogo, como digo al principio) lo apartaron de la montaña, pero no de su otra  gran pasión: la defensa de los derechos de la mujer, en especial de la mujer marginada u ofendida. A su protección dedicó buena parte de su vida profesional.- JT

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