miércoles, 22 de junio de 2011

La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos y el señor Rubalcaba


         





















Mira por donde, si Amaral ya tenía fama por su música entre la juventud, un político ha venido ahora a aumentarla.  Ha sido el ínclito candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, Alfredo a secas para más señas, quien citó en el Congreso de los Diputados la canción de Amaral Sin ti no soy nada al final de su breve respuesta a la portavoz del PP. Alfredo es un experto en réplicas escuetas: escucha a su interlocutor sin variar el gesto, impertérrito, luego se levanta, pilla el micrófono, agita sus manos, las entrelaza, coge una, luego la otra, vuelve a agitarlas y larga unas cuantas palabras sin aclarar lo que se le ha preguntado. ¡Maestría parlamentaria!

Pero no es la primera vez que este astuto político recurre al título de una canción o de una película para reforzar sus palabras y redondear la respuesta impactando al personal con sus conocimientos. Recuerdo que hace años, cuando Rubalcaba ejercía de portavoz del Gobierno de Felipe González, dejó perplejos a los periodistas durante una rueda de prensa. Por la razón que fuera, el caso es que hizo famosa en toda España una película marginal de cine aficionado a la que unos cuantos entusiastas de la cinematografía, ilusionados con el proyecto, aportamos dinero con el fin de que se pudiese realizar. Supongo que el entonces ministro portavoz utilizó ese recurso como ejemplo de buen hacer, de esfuerzo y entusiasmo de sus autores por el cine. Cuando pronunció el título, La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos, en el ambiente solemne y discreto de una sala de La Moncloa, los periodistas presentes debieron pensar que había en él algún mensaje para ellos desconocido. ¿A qué venía tan altisonante y pavorosa cita del señor ministro? ¿Qué película era esa, que ninguno de los presentes conocía?

Más de uno se puso en seguida a rastrear en busca de pistas para dar con el citado film. Y no tardó en conocer detalles: había sido realizado en las proximidades del aeropuerto compostelano de Labacolla, en el interior de una casa en ruinas. Las grabaciones, para un metraje definitivo de ochenta minutos, comenzaron un Jueves Santo y terminaron el domingo siguiente: ¡duraron cuatro días! Su director y guionista, Antonio Blanco, colaborador de la televisión autonómica de Galicia, consiguió bajo cuerda del entonces director de programas una cámara de vídeo y autorización para que una maquilladora acicalase a los actores. No habría más de doce personas en aquel grupo de cineastas aficionados, salvo Manquiña, que ya era actor profesional. Un reparto de miseria, vamos.

El film no pasó a las salas comerciales, tampoco era esa la intención de sus autores, pero fue elogiado por quienes lo vieron. Era puro cine gore, cine de una violencia llevada a extremos que causaba risa más que pavor. Su director y guionista quiso hacer una caricatura de La matanza de Texas, y lo consiguió, pero con un presupuesto que poco más daría que para unas bolsas de pipas. Antonio moriría meses después, víctima de una tentadora papelina envenenada cuando ya había conseguido superar el consumo de esa ponzoña letal. Quienes contribuimos a la producción del film guardamos cuidadosamente copia en soporte de vídeo porque se trata de una pieza única y prácticamente desconocida.
   
En cuanto a la cita que hizo el ministro, es posible que quisiera destacar con ella el entusiasmo y esfuerzo empleados en la realización de un film aceptable y barato, producido sin ningún recurso oficial. Mas fuera esa o no su intención, lo cierto es que la matanza de los garrulos en boca de tan alta personalidad del Gobierno dejó perplejos a los periodistas. No ha pasado lo mismo con la reciente cita de la canción de Amaral Sin ti no soy nada. Esta vez le ha salido el tiro por la culata a don Alfredo, porque el guitarrista de Amaral se apresuró a advertirle públicamente: Mira amigo, no me toques los huevos; las canciones son de todos.

También es de todos La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos, con la particularidad de que sus autores no recibieron ni un duro del erario público. Realizaron el film con pequeñas aportaciones voluntarias de amigos y conocidos. Hoy los de la ceja hacen cine con los cuartos de todos, y fabrican bodrios infumables hasta para el más generoso espectador. Ya va siendo hora, ¡la situación del país lo reclama!, de que a la titular de Cultura se le encienda una lucecita y aprenda de Los garrulos lisérgicos, ¡que se puede hacer cine sin necesidad de dilapidar nuestros dineros, señora ministra! - JT
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Glosario: garrulo: zafio, tosco y sin educación, paleto, rústico. No confundir con gárrulo: parlanchín, bocazas.- Lisérgico: ácido lisérgico, LSD. Droga de acción alucinógena empleada en psiquiatría.                                                                                                       

                             


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo garrulos proliferan,serán garrulos, pero nos toman el pelo a los ciudadanos. No me sorprendn que haya tanta indignación. Estamos indignados y seguiremos así hasta que dejen de engañarnos y cambien las reglas de convivencia porque aquí ya no hay quien viva. Luciano

Anónimo dijo...

De lo que dices deduzco que el señor Rubalcaba es un gran populista. Sabe impactar a la gente con pequeños detalles de la vida diaria, no es mal politico. ARTURO

Anónimo dijo...

Los que nos toman el pelo más que garrulos son gárrulos, con acento en la a, o séase bocazas: mucho decir y mucho prometer, Luciano, pero no nos dan nada, solo preocupaciones y pobreza / Joseluí

Anónimo dijo...

Cosa de gallegos...
Cuando uno se encuentra con una propuesta como "La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos", consciente de lo que tiene ante sus narices y de que jamás será recordada como un film ejecutado con grandes dotes, lo mínimo que puede hacer es sentarse y disfrutar.

Y vaya si se disfruta. Por lo menos durante su tramo incial, donde los personajes son presentados mostrando estructuras simples, pero con eficacia y rapidez, para no aburrir al personal.
También destacan algunos de los diálogos más freaks y descacharrantes haciendo alusión a anuncios o todo tipo de guiños cafres referentes a las distintas amputaciones que se van ofreciendo a lo largo de la cinta.

Puede que tras un primer tramo de lo más animado decaiga un poco en ciertos aspectos, pero lo cierto es que en ningún momento se pierde el interés suscitado y quizá falla ese intento de remate final más típico de Hollywood que de otra cosa. Eso sí, enderezado con una conclusión más cafre todavía que el resultado global de la cinta.
A resumidas cuentas, interpretaciones cutres y socarronas, sangre del todo a 100 y un guión simple pero efectivo para otorgarnos una propuesta a disfrute de unos cuantos. Mala, evidentemente, pero perfectamente entretenida.
No apta para paladares demasiado finos.- Grandines. Sitges (España).