miércoles, 30 de septiembre de 2009

Dos modelos góticos en una mansión presidencial


A Zapatero hay que criticarlo por su errónea política económica, por su forma de gobernar, y no por una cuestión tan personal como la ropa, en este caso la de sus hijas, que aparecieron vestidas de gótico en una foto junto a sus padres y al presidente Obama y esposa. El tema llegó a las tertulias, y algunos (as) de sus miembros sorprendieron por la dureza de sus comentarios sobre la susodicha foto cuya difusión les hizo olvidar la crisis económica, leitmotiv del temario de cada día.
Ahora, ¡vaya tardanza!, nos fijamos en protocolos y en normas de estética y urbanidad, precisamente ahora, cuando estamos hartos de ver cómo día a día y en todas partes se rechazan las reglas sociales sobre comportamiento y ceremonial. Además, si vivimos en una sociedad que pasa de todas esas cosas, ¿por qué hemos de perder el tiempo y alterar el buen juicio criticando a dos jóvenes por su forma de vestir? Los Obama las aceptaron a las dos de esa guisa, ellos eran los anfitriones, y si hay que criticar a alguien sería a los responsables de protocolo de la Casa Blanca, a quienes correspondería establecer un ceremonial que incluyese la indumentaria de los invitados.

        ¿No son acaso también ridículos, aunque de presencia muy distinta a la de las dos chicas, quienes a diario hacen ostentación pública, como perfectos petimetres, de modernas y costosas prendas de vestir? Me viene ahora a la memoria, por su actualidad, el caso del político valenciano Ricardo Costa, personaje mediático que va a todas partes vestido de punta en blanco, camisa de cuello alto y resaltado, ceñida al tórax; chaqueta en perfecta armonía con las formas del cuerpo; puñete de surfista de colores rojo y gualda… Todo un figurín.

        A mí es que me resultan todos un poco ridículos; es más, creo que ya son ridículos sólo por pensar cómo han de ir vestidos para llamar la atención, tanto las mujeres como los hombres. Lucen pulseras, collares, piercing, tatuajes, pendientes y ellos hasta medias barbas, algunas tan ilustres como las de nuestro monarca y su hijo. Para mí que lo del vestir va teniendo similitudes con la cocina por aquello de que choricillo morcillón o lentejas, en palacio, ni de coña. ¡Qué vulgaridad! Mejor un plato de cocina de diseño, aunque los ingredientes pierdan sus sabores y su aspecto original. Si las dos chicas son góticas; si no aceptan hoy los cánones impuestos por una sociedad cuya estética oscila entre cosas tan opuestas como lo tradicional y lo abstracto, ya tendrán tiempo de encauzar sus vidas cuando pasen de la edad del pavo y se enfrenten a la dura realidad cotidiana.

        En fin, cada uno está en su derecho de opinar lo que quiera, pero me sorprende que algunos (as) prestigiosos (as) comentaristas de corte clásico pero con presunción de progres se fijen de manera crítica y categórica en la forma de vestir de dos jóvenes de hoy. Si ellas van de gótico, sus correctores (as) van de intolerantes en un tema tan banal como el de la foto.- JT

P.D.- Con las terminaciones entre paréntesis cumplo las normas de igualdad de género impuestas por el Gobierno. En la foto, bota de diseño gótico unisex.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Santiago Rey y los problemas de Galicia y España

Del diario La Voz de Galicia recojo este excelente artículo de su presidente, Santiago Rey Fernández-Latorre, en el que el autor expone con brillante claridad los problemas de la España actual, y especialmente los de Galicia. Su voz, la voz de este veterano comentarista, no clama en el desierto. Bien al contrario, alcanza con precisión el centro de la diana, y somos legión quienes, hartos de tanta mentira, tanta transgresión y tanta injusticia escuchamos y suscribimos sus denuncias.

(…) Cumpliendo mi deber de intentar ser notario de la verdad, quiero hoy dar voz a lo que se dice en la calle. La ciudadanía habla, por encima de todo, de la crisis económica, una de las más monstruosas e injustas de la historia. Lamentan verse arrastrados por una espiral en cuya génesis nada tuvieron que ver, sin recursos ni medios para hacerle frente, mientras que los auténticos causantes de la debacle son auxiliados con salvamentos vergonzantes. Fabricantes que alardeaban de solvencia, exigen y reciben ahora planes de choque pagados por todos, mientras algunos sectores que son el alma de Galicia, como el ganadero, se asoman al abismo sin ser objeto, ni de lejos, de un trato similar. (…)