jueves, 6 de octubre de 2011

La corrupción menoscaba la imagen de nuestros políticos

A don José Blanco, ministro de Fomento para más señas, le han jugado una mala pasada al implicarlo en un affaire de corrupción pura y dura como es el caso Campeón. También han corrido la misma suerte un diputado gallego del PP y otro del Bloque Nacionalista Galego, pero estos se apresuraron a dimitir de sus cargos para no perjudicar a sus respectivos partidos, a la espera de la decisión de los tribunales. Uno y otro niegan rotundamente su participación en el cobro de comisiones.

Sin embargo, el señor Blanco, que también ha negado su implicación en esa trama corrupta de Lugo, y con la misma o incluso mayor rotundidad que los anteriores, no ha abandonado ninguno de sus cargos, cuando bien podría hacerlo, aún sintiéndose inocente, ya que en noviembre habrá elecciones y por lo tanto cambio de ejecutivo. Sería una decisión de coherencia política orientada a preservar la imagen de su partido.

La jueza de Lugo que lleva este y otros casos está actuando con denuedo en el esclarecimiento de asuntos ilícitos sobre los que la Justicia habrá de pronunciarse en su día. Mas sean o no culpables, la presunción de inocencia de los tres acusados debe ser respetada hasta que haya sentencia, pues sería grave, y manifiestamente injusto, calificarlos de corruptos ya que el proceso está todavía en fase de instrucción. Al expresidente de la Comunidad valenciana lo atormentaron moralmente sus adversarios por recibir de regalo unos tres tristes trajes (?). Si en su día los jueces lo dejan libre de culpa, ¿cómo y quién reparará el daño que se la ha hecho? Vamos a esperar.

De todas formas, los casos de políticos presuntamente implicados en operaciones ilícitas menoscaban día a día la imagen y el buen nombre de nuestros gobernantes. Y así ocurre que los ciudadanos confían cada vez menos en ellos, e incluso se indignan cuando surgen estos escándalos u otros como el del cobro de indemnizaciones millonarias en euros por parte de altos ejecutivos de la caja gallega por prejubilación y demás conceptos, a los que no se ha puesto freno de inmediato. Si esa entidad financiera tiene en su balance unos números rojos de espanto, y si el Gobierno le inyecta, como ha hecho, varios miles de millones extraídos del erario público para reflotarla, ¿cómo pueden moralmente irse de ella esos señores exigiendo tan altas compensaciones?

Este país no se normaliza, y lo malo es que al paso que vamos tardará en llegar el día en que los casos de corrupción dejen de ser regla para convertirse en excepción. Aún hay muchos, muchos políticos honrados de los que nos hemos olvidado. Así que, mientras tanto, abramos de una vez por todas las cárceles a los corruptos, a todos, sin excepciones, sea cual sea su clase y condición, para retenerlos en ellas hasta que devuelvan los dineros o los bienes que hayan obtenido de manera ilícita. Sería una medida de higiene muy sana para nuestro país.- JT