jueves, 29 de septiembre de 2011

Aznar vuelve a banderillear al candidato Rajoy

Bien puede sugerir el señor Aznar desde su posición privilegiada soluciones a los problemas de España. Con un respaldo económico como el suyo es fácil hacerlo. Justo en estos momentos dice que el estado autonómico es un lastre para el país y propone reformas en las que incluye las autonomías y los salarios. ¿Acaso no previó, cuando era presidente de la Junta de Castilla-León, que la estructura autonómica respaldada por todos los partidos en tiempos de UCD iba a ser una sangría dineraria insoportable, un lastre difícil de arrastrar?

No, claro que no. Pero ahora toca proponer y reconducir, y el señor Aznar no siente vergüenza al apuntar que si gana el PP habrá que realizar reformas estructurales que afectarían también a los salarios. ¿A los salarios, señor Aznar? ¿No será a los precios? Porque esos sí que hay que reformarlos. Le repito que bien puede hablar así sabiendo que su situación económica no se vería alterada. A usted las reformas no le afectarían. Ni a usted ni a la totalidad de los políticos que viven de las rentas públicas, porque una rebaja en sus altos sueldos no creo que llegase a preocuparles demasiado.

Sin embargo sé, porque conozco bien su capacidad y su trayectoria pública, que Mariano Rajoy no actuará de la forma que Aznar propone en lo que a salarios se refiere. Rajoy es un político inteligente, culto y eficaz, un gallego honrado y bondadoso en su carácter y comportamiento, y no consentirá que el peso de las reformas recaiga sobre el trabajador en su punto más débil, es decir, en la reducción de los emolumentos.

Las autonomías las inventaron los políticos, y con el tiempo los ciudadanos nos dimos cuenta de que en realidad se constituyeron con el propósito de crear puestos de trabajo bien retribuidos, no solo para mejorar la gestión de las regiones. Pero puestos de trabajo para ellos, y en muchos casos también para los amigos, sí, porque las autonomías son mercados públicos de empleo selectivo que hemos de pagar entre todos con nuestros impuestos. ¿No les da vergüenza tanto descaro, tanta farsa democrática montada para hacernos creer que se aplica el principio de igualdad de oportunidades en el acceso al empleo público y que no se dilapidan nuestros dineros? Meten a su gente hasta en los consejos de administración de las televisiones del Estado y las autonomías, al amparo institucional del Parlamento y gratificándola con retribuciones multimillonarias en pesetas. Y así, ocasionalmente, esos estómagos agradecidos pueden llegar a extremos de comportamiento fascista, como ha sucedido en TVE, donde intentaron nada menos que controlar la información irrumpiendo en los más íntimo y reservado del periodista, en el proceso de elaboración de la noticia, buscando la implantación de una censura apestosa y repelente.

¿Quién ignora que las TV públicas trabajan para su señor, sin que sea necesario ejercer sobre ellas un control tan ignominioso como el que pretendían esos consejeros? La explicación es fácil. Una vez nombrado el director general, que ha de ser de la cuerda del partido en el poder, este elige para ocupar los cargos de confianza o libre designación a personas también de su misma tendencia política como son el director de Informativos, los subdirectores, los redactores jefes y los jefes de sección. Así se controlan todas las áreas de la información y se sirve al señor desde puestos de privilegio y muy bien retribuidos. Por eso la tantas veces cacareada independencia del periodista en un medio público es una farsa, y quien diga lo contrario es un farsante.     

Mas volviendo al señor Aznar debo apuntar que Rajoy, por su irrefutable bonhomía, no actuará nunca en perjuicio del más débil. Estoy seguro de ello pese a que el expresidente parece haber tomado como costumbre banderillearlo cuando las elecciones se acercan, o al poco de ganarlas como le ocurrió con Núñez Feijóo, otro candidato del PP. Recuerdo que en un informe sobre el idioma gallego difundido por la FAES, fundación que preside Aznar, poco después de lograr Feijóo la presidencia de Galicia, se rebajaba esa lengua de España a un nivel inferior a la castellana. Venía a decir  que era propia de paletos y de gente inculta, un experimento en el que se inmolan la educación, los derechos individuales y el sentido común. Decía también que el idioma sobrevivió por el analfabetismo de los campesinos, y los normalizadores crearon después una neolengua adaptada a sus intereses e inventaron palabras como A Coruña.

¡Qué burradas! No se creó ninguna neolengua, sino que se normalizó la que había con la incorporación al diccionario de las diferentes formas dialectales de la comunidad y la actualización de su gramática, labor común a todas las instituciones lingüísticas. Y en cuanto al nombre de La Coruña, lo que se hizo fue simplemente cambiar el artículo castellano la por el gallego a. ¿Acaso no fue Manuel Fraga, en su etapa de presidente de la Xunta de Galicia, quien respaldó plenamente el uso del gallego como lengua cooficial junto con el castellano? Parece que Aznar no aprendió bien las lecciones de su exjefe de filas y maestro político, del fundador, la persona que lo situó en el trampolín electoral que lo conduciría a la presidencia del gobierno de España.

Pero aún hay más. En el informe se llega extremos perversos al asegurar que el acento gallego sigue siendo un rasgo negativo en la comunidad, sea cual sea la lengua en la que el hablante se exprese. Un estigma social que ha de depurar quien aspire a alzarse socialmente sobre su origen.  La verdad es que solo un mentecato puede llegar a semejante conclusión.

En cuanto a Rajoy, hay otras banderillas aznaristas clavadas en su espalda. Recuerdo que cuando era el candidato del PP a la presidencia, en el año 2006, Aznar no tuvo reparo en asegurar que su esposa Ana Botella lo haría muy bien como presidenta del Gobierno. ¡Inaudito! Y en marzo de 2011 dijo que Rajoy tiene una gran experiencia y una gran capacidad de resolución, y capacidades para ser presidente, lo que pasa es que tiene su forma de ser, su personalidad, su estilo, su origen y oficio gallego. ¿Qué insinuaba? ¿Que el origen y oficio gallego del candidato podían invalidarlo para ejercer la presidencia del país?  

Pero vamos a ver: si Aznar lo eligió sucesor, ¿a qué viene banderillearlo en los momentos cruciales? ¿No será que siente tristeza airada, envidia para ser más claro, por el hecho de que Rajoy alcance la presidencia que él dejó voluntariamente, eso sí, en un gesto de elegancia y coherencia política? ¿Ya no le gusta el candidato?


En fin, afirmar en estos momentos preelectorales que habrán de reformarse los salarios es la sugerencia más inoportuna que puede hacer un miembro del PP tan destacado como el expresidente. Con ello se intimida a los electores y se perjudica el buen hacer y los nobles propósitos del candidato. Rajoy no bajará salarios ni dañará la maltrecha situación del trabajador. Bien al contrario, apuesto a que él y su equipo lograrán en un futuro próximo la recuperación del empleo y el saneamiento de una economía devastada por la pésima gobernación de un ejecutivo socialista de baja calidad y nula eficacia.- JT   

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando en todos los partidos se protegen entre ellos aunque se equivoquen o actuen mal este señor pretende descalificar A Rajoy, no entiendo el comportamiento de Aznar. Le faltan luces o tiene envidia, porque no es de recibo ofender al candidato de su propio grupo y supongo que a la totalidad de los gallegos / Jose Luis