jueves, 23 de julio de 2009

La Roca no es el problema de España

Pues miren ustedes, mis estimados visitantes, me importa un pimiento la presencia de Moratinos como ministro de Exteriores de España en Gibraltar, un hecho que tanto revuelo ha armado en los últimos días. Mucho más me preocupa la situación económica y la actividad política de nuestro país. Por haber visitado Gibraltar este ministro, Inglaterra no va a aumentar ahí su soberanía, ni se va a creer beneficiada. Tampoco considero que esa visita sea la carta de reconocimiento de la soberanía británica de la Roca, como algunos apuntan. Si acaso puede haber sido una nueva torpeza de uno de nuestros más grises gobernantes, o quizás un hecho deliberado más para desviar la atención de los graves problemas que afectan al pueblo español.

Vivimos en democracia –teóricamente-, pero ya no están las filas prietas como antaño para lograr la devolución de un pedazo de territorio que lave nuestro honor. Aquí, de momento, hay que sobrevivir como se pueda. Así pues, aparquen la Roca, el honor y todas las mandangas que desvían nuestra atención de los verdaderos problemas como la presentación de denuncias por cohecho desacreditadoras entre partidos, o la persistente gripe asesina, hasta la saciedad mentada, sobre la que la ministra del ramo habla una y otra vez causando más alarma que sosiego.

¿Todavía no se han dado cuenta, unos y otros, de que tanto rifirrafe absurdo e innecesario incrementa a pasos agigantados en el pueblo español la desconfianza en los políticos y, por ende, en nuestra actual democracia? Disfrácese usted, señor Zapatero, para que nadie le reconozca, y acuda al mercado, al café, a los lugares de encuentro ciudadano sin politizar y escuche los comentarios. No hay ni uno a su favor. Los trabajadores en paro lo maldicen; los jubilados viven angustiados por el temor a quedarse sin pensión o a verla reducida; las amas de casa se acuerdan de todos sus antepasados ante las subidas en los precios de los alimentos, de los impuestos directos e indirectos de todo tipo, tanto de municipios como de autonomías y del Estado. Vamos camino de un cataclismo social y económico. Pero ustedes, los gobernantes, y ustedes, los parlamentarios, viven felices en su particular edén con sus sueldos elevados y garantizados, con su inmunidad y sus consolidados empleos.


Entrar en política para conseguir un cargo público es un chollo que no está al alcance de cualquiera. Las plazas están limitadas en todos los ámbitos del poder: gobierno central, autonomías, sindicatos… Incluso en las radios y televisiones públicas. Ahí, en todas esas esferas alimentadas con dinero público residen los privilegiados. Los demás, los ciudadanos de a pie, somos prisioneros de la política del actual gobierno, cuyo objetivo final parece ser el de igualar nuestras diferencias sociales por la pobreza.- JT