jueves, 4 de junio de 2009

Coplilla de aromas, amores y maldecires de una dama bien armada


Érase una vez una dama/ en un congreso metida / en medio de unas diputadas/ bien o mal avenidas. /Estirose la señora /como  gañán en la huerta, /y, tras hacer los deberes, / díjoles a sus señorías:
¡Oh petardos, petardillas, /qué poco sabéis de política! /Si os estiráis como yo/ brazo en alto y boca abierta/ veréis cómo vuestros rivales/ cargados de maledicencia/ sisean muy por lo bajo/ que esta  moza tan sociata/ tiene bien poca vergüenza.  
Escuchad, soplones airados, /que soy moza, y muy honrada. /Si me estiro, es por amor / a mis socios, camaradas /anhelantes del olor / de mi axila perfumada.
Mas no hay mala educación /en mi gesto de gañana /ni atisbo de indiferencia / en la expresión de mi cara. /Sólo quiero parecer /como dama poderosa /al poder encaramada / una chica de buen ver /aunque un tanto relajada /sin perder la corrección /que sus señorías reclaman /porque soy yo, sí, /la ya famosa  Pajín, /la mejor de la bancada. ¿Vale?
                                           Ramón de Campoolor