domingo, 2 de agosto de 2009

La hidra que nunca muere sigue matando

“No son vascos, son mierda”, dijo Basagoiti de los etarras que atentaron en Palma de Mallorca contra dos guardias civiles, en un momento de emotiva sinceridad. Son mierda, sí, digo yo, pero hacen daño, mucho daño. Ya se han cobrado más de ochocientas vidas sin conseguir su objetivo en los cincuenta años de existencia de la banda, sembrando el terror con la ejecución de asesinatos premeditados y alevosos. En mi opinión, ETA no es sólo una banda de malhechores y dinamiteros, una banda de mierdas, sino también una cuadrilla bien nutrida de jóvenes al servicio de un nacionalismo históricamente disgregador y socialmente violento. Los vascos -la generalidad del pueblo vasco- saben perfectamente que este país no permitirá nunca la separación de ninguna de sus regiones por mucho que asesinen y extorsionen, pero los etarras, erre que erre, siguen haciéndolo, cegados por el odio hacia todo lo español.

Y frente a esa sangría permanente, ¿qué hace España? Pues yo creo que pierde tiempo, pierde mucho tiempo respondiendo con palabras y gestos, sin plantearse de manera seria y definitiva la búsqueda de una actuación eficaz que acabe con ese monstruo del inframundo, serpiente policéfala cuyas cabezas nunca se acaban de cortar. ¿Cuántas veces nos han dicho que ETA estaba arrinconada y descabezada? ¿Cuántas veces ha vuelto a surgir esa hidra de las contaminadas profundidades del lago vasco para arremeter contra ciudadanos españoles?

¡Ay, los españoles!, mosaico de razas, etnia de rasgos muy dispares heredados de las primitivas tribus peninsulares, violentas unas, como las de los celtas del norte, o relativamente sosegadas otras, como las de los iberos. La verdad es que estamos bien reflejados por Cervantes en su Quijote, el alma dual española, idealismo y realismo, Quijote y Sancho, agresividad y sosiego. Nos movemos dentro de unos ideales de unidad, los de la España única pero plural; seguimos sintiendo y defendiendo por un lado la indivisibilidad del territorio, mientras que por otro el día a día político nos predispone a admitir su descomposición. Minorías de catalanes y vascos lograron en la última década grandes avances en sus proyectos disgregadores: unos por medio de la amenaza y la violencia; otros, negociando de manera astuta con unos gobernantes incapaces de consolidar un Estado de las Autonomías cohesionado y fuerte.

¿Contra ETA, metralleta?, se preguntan los más radicalizados por el inacabable goteo de sangre. Pues lo cierto es que cada atentado que comete la banda tiene como respuesta declaraciones de unidad y testimonios de repulsa; se dedican silencios a las víctimas, se difunden comunicados de condena, y se celebran manifestaciones ciudadanas, pero todo ello no frena ni acaba con la violencia, como se ha comprobado hasta ahora, sino que sirve únicamente para expresar el grado de repulsa y desesperación de una ciudadanía cada vez más harta de tanto chorreo de sangre. Por otra parte, la reiterada consumación de atentados, pese a las frecuentes desarticulaciones de comandos, denota una operatividad aún poco eficaz contra la banda etarra.

Decía antes que las profundidades del lago del que surge la hidra asesina están contaminadas. Me refería a los sectores sociales vascos donde se alimentan y crecen los jóvenes dinamiteros. Observen las manifestaciones pro ETA: gente mayor, hombres y mujeres, no sé si por resentimiento o por odio, profieren gritos contra España. Muchos ni siquiera han nacido en Euskadi, pero por su escasa cultura y su deficiente formación se dejan intoxicar fácilmente por las minorías opuestas a todo lo español. Vive la mayor parte de estas personas en barrios sombríos, en esos colmenares humanos de feas viviendas levantadas durante el franquismo. ¿Cómo no van a germinar ahí los jóvenes violentos? Las ideas antiespañolas están en cada recoveco, en cada vivienda, en cada patio de vecindad. Es ese el lago habitado por la hidra policéfala a la que nunca se le cortan todas sus cabezas.

¿La respuesta a tanto asesinato va a seguir siendo solamente policial? Me temo que, tal como nos demuestran los hechos, si revisamos la historia de los cincuenta años de ETA, el camino para acabar con ella no es sólo ese. Algún día tendremos que sentarnos y, Constitución en mano, buscar otras soluciones. Pero entonces en la negociación no debería de intervenir sólo el Gobierno, sino también representantes de todas las fuerzas políticas parlamentarias, del nacionalismo vasco y de los sectores sociales y empresariales. Siempre habrá, digo yo, un camino abierto a la reconciliación y a la paz, sin que sea estrictamente necesario fragmentar el país. Al fin y a la postre todos nos necesitamos mutuamente para poder seguir construyendo una sociedad más justa y más equitativa. Ya está bien de tanta prosperidad en los sectores más altos, mientras en los menos favorecidos social y económicamente el nivel baja día a día de manera alarmante.- JT

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pienso también como tú, porque al paso que vamos ETA no se acaba nunca. Algún dia tendremos que negociar seriamente con ellos y con todas las partes sociales incluidas como dices y espero que esta tarea no le toque a nuestros nietos, sería el colmo.- Jose Manuel

Anónimo dijo...

La serpiente sigue matando una y ot ra vez. Por mucho que digan que la descabezan los etarras siguen surgiendo como las setas y matando a sus anchas, ¡basta ya de una puñetera vez!.- Jose Luis